MATÍAS CASTRO
Hace algunas semanas surgía en este espacio la pregunta sobre qué le pasaba a Nazarena Vélez. Flaca, pasada de revoluciones, divorciada, arrogante, extrañamente entusiasta, la vedette argentina llamaba la atención. La veíamos de lejos, pero la sentíamos más o menos cerca, como ocurre con la mayoría de los famosos. La distancia y la imposibilidad de ver su obra en villa Carlos Paz son detalles menores a la hora de hablar sobre lo que le ocurre. Reparar en eso hace descubrir algo curioso aunque normal. A Nazarena, como a otros, la tenemos lejos, pero si nos hablan de ella sentimos que el tema es parte de nuestra vida cotidiana.
Por eso esta semana todo el mundo habló y opinó sobre su confesión. Nazarena dijo ser adicta a las anfetaminas. No necesitaba confesarlo para que se pudiera suponer que recurría a alguna clase de producto extra. Tampoco es hora de condenarla por eso.
Aparentemente en más de una ocasión Moria Casán decidió decirle que no salga a escena en la obra de Carlos Paz. Esas suspensiones de su show de acquadance, baile popularizado y explotado por Moria Casán, desataron todo tipo de rumores sobre su salud.
Hemos visto un aluvión de opiniones sobre Nazarena y sus problemas con las anfetaminas. Es que al fin, luego de mucho especular, encontramos la razón de su extraordinaria delgadez y de su entusiasmo exagerado. Pobre Nazarena. Se separó del productor Luciano Garbellano pero tiene que seguir vinculada laboralmente a él. Es todo un problema, ya que el posible negocio puede peligrar para ambos. Pero hasta ahora nada ha cambiado, ya que la obra What pass Carlos Paz? se sigue haciendo igual, con o sin ella.
No veremos la obra. Nazarena quedará allá. Nosotros acá. Así y todo, curiosamente, lo que le pasa nos afecta.