El Congreso del Frente

Hebert Gatto

Ala vista de los resultados, es muy obvio que en la izquierda se impuso nuevamente el aparato militante. Tal como ocurrió en tiempos de Frugoni, de Batalla o, más cercanamente de Líber Seregni, sus dos fracciones constituyentes siguen enfrentándose por la hegemonía.

En una lucha cíclica, de cambiantes protagonistas, que admite treguas y colaboraciones tácticas, pero no apartamientos que cuestionen demasiado, o por mucho tiempo, los dogmas más sagrados de los radicales. Aunque el retorno a la ortodoxia pueda significar desautorizar al gobierno que conforman, e incluso al mismo Presidente, hasta hace muy poco el signo último de unidad.

Esta vez el elegido fue Mu-jica, probablemente el más pragmático y flexible de sus dirigentes. Pero ello, en todo caso, es anecdótico. El desafío, que su sector no podía ignorar era la necesidad de contener la deriva social demócrata del gobierno, primero de Vázquez y ahora simbolizada por Astori. Un hombre que pese a provenir de sus filas, había advertido, algo tardíamente, que no se puede gobernar en el siglo XXI invocando dogmas de la primera mitad del XIX.

Éste, y no primordialmente la elección de un candidato, era el reto que afrontaba la izquierda dura, que sentía que otro período al margen del "revival" neopopulista que campea por Latinoamérica, podía aislarla definitivamente de sus fuentes nutricias.

Tan claro tenían esto los congresistas que no dudaron en humillar a Astori, el candidato frentista con la mayor chance en su partido de ganar las elecciones nacionales, con tal de reafirmar los principios básicos de su ideología. Asumieron que la gramsciana guerra de posiciones no era entre la derecha (como denominan a todo lo no frentista) y la izquierda, sino que en esta instancia se desarrolla al interior de esta última. En un enfrentamiento donde la erosión de su imaginario exigía levantarlo a cualquier precio.

Por eso tan importante como los desatinos finalmente aprobados: apoyo a Cuba, anulación de la "ley de caducidad", refundación del SOYP y Subsistencias o profundización de esta penosa integración latinoamericana que nos aflige (Mercosur, ALBA y Unasur), fueron las modificaciones al programa vigente rechazadas por márgenes mínimos -por mera prudencia electoral-, reveladoras de su cultura más profunda.

Así se propuso declarar incompatible con el desarrollo cualquier tratado comercial con EE.UU., moción que requería dos tercios y obtuvo la mayoría, o incluso derogar la flamante ley de educación, votada por todos los legisladores con excepción de los comunistas, por considerarla antagónica con los lineamientos del congreso educativo, es decir por poco corporativa. Iniciativa esta desestimada por apenas el 3% de los congresistas.

Por supuesto que nada de lo considerado resulta contradictorio con los actuales programas del MPP o del Partido Comunista, ambos de claro cuño marxista radical con claritos populistas a la moda. Como resultado, la otra mitad de los frentistas, repitiendo la historia, vio escarnecido a su candidato y debilitados sus acuerdos programáticos, pero seguramente, atendiendo a su naturaleza estoica, seguirá prisionera de sus coaligados rivales.

Como si conceder fuera su destino inevitable. Lejos todavía de la hora de la dignidad.

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