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Hernán Sorhuet Gelós
No es frecuente que de la realización de grandes encuentros internacionales surjan novedades que involucren específicamente a nuestro país. Así ocurrió en el 4° Congreso Mundial de la Unión Internacional para la Conservación (UICN), realizado en Barcelona.
Los miembros de la UICN aprobaron una moción de solicitar a los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay que amplíen las áreas protegidas de los pastizales templados, que se extienden por una superficie cercana a 750 mil km cuadrados, unas cuatro veces la superficie de Uruguay.
Se le debe prestar mucha atención a esta iniciativa, por lo menos por dos razones.
La primera tiene que ver con la procedencia del pedido. La UICN es la red de conocimiento ambiental vinculado a la conservación más grande del mundo. Reúne a más de 11 mil científicos voluntarios y expertos en 160 países. Durante 60 años ha liderado el desarrollo de la ciencia y el conocimiento para la conservación, y ha reunido a gobiernos, ONG, científicos, compañías y organizaciones comunales para ayudar a tomar decisiones de conservación y desarrollo.
Esta organización está preocupada por el futuro de las praderas sudamericanas, debido al rápido cambio en el uso de la tierra que se está operando en la región, especialmente por el sostenido avance de la forestación, la soja y de otros cultivos para la producción de biocombustibles. Esta es la segunda razón.
¿Se justifica tanta preocupación por campos que se explotan desde la época colonial? Sí, porque responde a una nueva realidad.
La ganadería tradicional siempre ha sido un aliado estratégico de la conservación de las praderas naturales pues, en la medida que éstas se encuentran en buen estado, aumentan los rendimientos en la cría de ganado. Además, el buen estado de las pasturas significa que el ecosistema se mantiene sano y brinde múltiples servicios ambientales y de los ecosistemas, varios de los cuales suelen pasar desapercibidos a la mirada de la gente. Nos referimos a su incidencia en el control de la erosión de los suelos, la regulación del clima, el mantenimiento de los acuíferos y del régimen hídrico general, la conservación de la diversidad biológica, especialmente de especies de gramíneas y otras plantas beneficiosas.
Con el desplazamiento de la ganadería de miles de hectáreas, las nuevas actividades productivas provocan profundos impactos en la estructura y el funcionamiento de los pastizales, comprometiendo los servicios ambientales.
La UICN les está pidiendo a los gobiernos de nuestros países que promuevan políticas públicas que ayuden a impulsar el desarrollo equilibrado en la región, y que al mismo tiempo incorporen nuevas áreas protegidas de praderas naturales.
En Barcelona se recordó que un bioma estará protegido si cuenta al menos el 10% de su superficie bajo protección. En materia de pastizales templados, en el mundo sólo 4.59% de este bioma está protegido. El panorama es mucho peor para el Río de la Plata: Brasil protege 2.23%, Argentina, 1.2%, y Uruguay 0.21%.
Para lograr este cambio hay que trabajar estrechamente con los productores rurales para mejorar la producción en cantidad y calidad, pero al mismo tiempo asegurando el manejo responsable de las praderas naturales.
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