JOSÉ MASTANDREA
Temprano, ya se veía que el Parque Capurro iba a quedar chico. Una hora antes, cientos y cientos de personas llegaban caminando por la Ruta 1 desde el Cerro.
Familias enteras. Mate y termo en sus brazos, niños con camisetas y banderas, mujeres con gorros y la radio pegada a sus oídos.
Del otro lado, por la calle Capurro, llegaban camionetas y camiones con hinchas de Danubio.
También familias enteras, compartiendo la pasión por una camiseta, por esos dos colores de la franja.
Los de Cerro se instalaron en la tribuna del Río y lo que vendría a ser la Colombes en el Centenario. Media hora antes de las 17.00, ya estaban colmadas. No cabía un alfiler.
Los de Danubio ocuparon la tribuna principal y la Amsterdam, siempre teniendo como referencia el Centenario.
Banderas de un lado y de otro. Bullicio, cantos, petardos, cañitas voladoras, bombas de estruendo, papel picado, serpentinas: fiesta.
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"Dale, dale, dale Ce... hoy te vinimo` alentar.... para ser campeónnnn hoy hay que ganarrrr".
"Ohhhh vamo` Danu... vamo... pongan huevooo que ganamoooo".
El duelo ya estaba instaurado en las tribunas. El barrio también formó parte de la fiesta. Las ventanas de los departamentos linderos al Capurro estaban abiertas de par en par. Y los vecinos miraban, escuchaban y vivián el espectáculo.
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"Soyyyy del Cerrooooo del Cerroooo soy yooooo".
"Vos sos de la beeeee... de la beeee.... de la beeee... vos de la beeee".
El partido era intenso, peleado, luchado, trabado. Por momentos, de hacha y tiza. Sin dar ni pedir tregua.
La fiesta, la vivían los dos. Cuando parecía que la punta era albiceleste, llegó el gol de Danubio. Al partido no le quedaba nada. Por eso la locura. El salto de Martín Lasarte a la cancha para abrazarse con sus jugadores, el llanto de los hinchas en la tribuna y el abrazo de padres e hijos contagiados por la misma pasión.
Después, en la calle, lejos del bullicio, los papeles y las serpentinas, cada cual volvió por su lado.
Lo malo estuvo afuera. En los alrededores del Parque Capurro. Una decena de autos fueron apedreados y terminaron con sus vidrios rotos. La mayoría, tenían distintivos de Cerro. Triste.
Con ojos albicelestes
Martínez: "No lo insulté, no sé por qué me echó"
"No dije nada malo. No lo insulté, no le grité. Le dije cosas que eran propias de cualquier partido. No sé por qué me echó. Me pareció una exageración. Lo único que le dije a Leal era si quería mi camiseta. ¿La querés?, le pregunté. Y fue porque en la jugada anterior me tenía agarrado y no me soltaba. Sólo eso. Creo que no ameritaba que me expulsara. Y menos en la última jugada del partido. Justo en ese tiro de esquina nos hacen el gol y lo hizo el jugador que yo tenía que marcar. ¡Qué casualidad! Para mí nos cocinaron, nos metieron adentro... yo qué sé... no nos pueden dejar con nueve hombres de esta manera". (Sergio Martínez, zaguero de Cerro, expulsado en el minuto cinco de descuentos).
Hinchas no se olvidan de Prudente y Falce
El camarín de Cerro era un polvorín. Mejor dicho: el pasillo que daba al vestuario albiceleste era un festival de insultos. "Nos metieron pa` dentro. Están haciendo un mandado. ¿Y ustedes que dicen ehhhh? ¡Vamos a ver qué ponen mañana los periodistas!". Gritaban y arengaban unos pocos hinchas en la puerta del camarín cerrense. Todos decían que el árbitro Fernando Falce "hizo un mandado para que lo de Prudente no perjudicara a Nacional". Lo cierto es que la mayoría asumió la derrota sin mayor dramatismo y sin ver ninguna mano negra. La derrota había calado hondo y el "caso Prudente" volvió al tapete en el Capurro: "¡Nunca van a dejar que lleguemos a la punta!", decían.