Con Peñarol ganando el partido 1 a 0 y jugando con un futbolista más en la cancha, la mayor parte de las miradas fueron dirigidas, por espacio de unos diez minutos a la tribuna Amsterdam.
Mientras los hinchas apostados en los anillos superiores de esa tribuna alentaban a Peñarol al ritmo de bombos y redoblantes, los de abajo estaban enfrascados en una gresca general.
Puñetazos y patadas iban y venían de un lado para el otro ante una total inacción policial. Ningún uniformado se acercó para impartir el orden.
Hubo más de un hincha que estuvo a centímetros de caer de la tribuna. Uno de ellos fue salvado por sus reflejos para "manotear" una bandera que lo ayudó a hacer equilibrio hasta que otros hinchas lo ayudaron a "volver" a la tribuna.
Los incidentes fueron seguidos de cerca por el cuarto árbitro del partido, que en un momento en que el juego se detuvo llamó a Martín Vázquez para advertirle de los hechos. A metros de ellos, Mario Saralegui miraba hacia la tribuna con los brazos abiertos, como pidiendo a los hinchas una explicación.
Después, ya en el segundo tiempo, toda la tribuna entonó por varios minutos cánticos hacia la Policía. Dos agentes habían retirado de la zona del talud -inhabilitada- a un hincha que desde el palco de prensa parecía ser un niño muy chico. La Amsterdam jugó su propio partido durante el triunfo.