Uruguay puede

LEONARDO GUZMÁN

El País del sábado nos sacudió con las resultas de una encuesta de un "Barómetro de las Américas 2008", movilizado por una Universidad de Estados Unidos con la Universidad de Montevideo, a través de un "Proyecto de Opinión Pública de América Latina": uno de cada dos ciudadanos (49,8%) estaría dispuesto a tolerar violaciones del Derecho con tal de capturar delincuentes; y el 36 % de los uruguayos -¡más de uno de cada tres!- aceptaría que a la violencia delictiva se le respondiera con un golpe de Estado.

Quienes hayan podido contestar eso no saben lo que dicen. Ignoran que el delito proliferó desde que se pusieron de moda las doctrinas que niegan su frontera con la ley, y prefieren disolverlas en un relativismo liviano, chabacano, en vez de iluminarlas con la aspiración hacia lo mejor. Ignoran también que esa aspiración es imprescindible, más allá de si los dueños de los medios de producción son los emprendedores privados o es el Estado.

Aun peor: ignoran que una quiebra de las instituciones no combate a los delincuentes sino que los monta a horcajadas sobre el Estado, al concentrar el poder en perjuros y desconcentrarlo en oficinas clandestinas de violación de la libertad y persecución inicua de las personas. Como lo vivimos.

Por todo lo cual, la función que debemos darle a esta noticia es reavivarnos el seso y mandarnos despertar cada día enseñando la razón de ser del Estado de Derecho, en contraposición con los móviles de las dictaduras aunque éstas invoquen las pasiones -fascismos- o los intereses de clase - colectivismos- para justificar sus crímenes.

Fuera de esa función, por mucha grifa universitaria que traiga la susodicha encuesta, no podemos tomar en serio sus números, que nos suenan a falacia de falsa precisión -valga Vaz Ferreira. Y no sólo por orgullo del sentimiento democrático nacional. Mucho más que por eso, por el absoluto descrédito que, hace más de 50 años, vertió Pitirim Sorokin -en EE.UU. precisamente- en su histórico alegato "Fads and Foibles in Modern Sociology", donde liquidó la fe en la industrialización de encuestas por "reacciones instantáneas del lenguaje" a preguntas rígidas sobre temas enormes: "A menudo las reacciones de lenguaje dan resultados insinceros e hipotéticos. Ningún investigador minucioso puede considerar estas expresiones orales como típicas de cualquier categoría de población más allá del grupo interrogado. Ni tampoco puede ningún auténtico investigador considerar las instantáneas como fieles manifestaciones de las opiniones constantes de los sujetos. Sabemos bien lo rápidamente que cambian las opiniones sobre deseos… ¿Qué valor cognoscitivo poseen «hallazgos» como que las prostitutas de la casa X sirvieron un promedio de 11,6 clientes cada veinticuatro horas en el verano y 9,4 en el invierno?"…

Las Universidades en particular y los ciudadanos en general tenemos, pues, un deber mucho más alto que asombrarnos ante unas cifras de un muestreo sobre una pregunta cuyo solo planteo es profanación: construir respuestas, indicar valores, afirmar rumbos desde nuestra angustia por lo que el Uruguay debe ser.

Mañana y pasado serán Días del Patrimonio Carlos Vaz Ferreira y se abrirá todo, del Palacio Legislativo al BROU. Nada de todo lo vivo en nuestra memoria histórica surgió de encuestas: todo -Vaz, mármoles y granitos- fue creación, respuesta, apuesta. No encuesta.

Se hizo desde la radical convicción que nos inflama de esperanza mañana: podemos.

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