CLAUDIO FANTINI
La ONU es un espejo que atrasa. Su cristal es el Consejo de Seguridad y el mundo que refleja es el de la Guerra Fría; ese que fue construido con los escombros de la Segunda Guerra Mundial y diseñado en los contornos de la pax impuesta por la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada.
Por eso, su poder ejecutivo colegiado es también un club atómico del que sólo pueden formar parte las potencias nucleares. He ahí un ejemplo de que el mundo que refleja es del pasado. Si reflejara el presente, desde la perspectiva nuclear debería incluir a la India, Pakistán, Israel y Corea del Norte, países que también cuentan con arsenales de ojivas cargadas con megatones.
Para que la ONU deje de ser un espejo que atrasa, el Consejo de Seguridad debe ampliarse incorporando a potencias emergentes. Las proyecciones coinciden en describir el futuro cercano con la sigla BRICH, en alusión a las proyecciones que señalan para mediados del siglo 21 el ascenso de Brasil, Rusia, la India y China a las cumbres de la economía mundial, por encima de Europa y junto a Estados Unidos y Japón.
Si se sumaran al Consejo de Seguridad países como Brasil y la vigorosa Sudáfrica, regiones como Sudamérica y África pasarían indirectamente a tener voz y voto a través de sus miembros económicamente más fuertes. Por cierto, así sería en la medida en que esos países cumplan con sus promesas actuales de representar, en la cabeza de la ONU, a las regiones que ellos encabezan.
Si la instancia suprema de Naciones Unidas se aggiorna ampliándose en ese sentido, la entidad que reúne a todos los países del mundo estará en mejores condiciones de afrontar los desafíos más urgentes, como las crisis alimenticia y energética, el cambio climático, los efectos planetarios de la debacle financiera y una amplia variedad de conflictos regionales que se han vuelto crónicos ante la indiferencia internacional y la impotencia regional.
Los discursos de Lula da Silva y Nicolás Sarkozy fueron los que mejor expresaron la necesidad de ampliación del Consejo de Seguridad. Algo esperable en el presidente brasileño, porque su país está en la primera línea de aspirantes a los escaños que se crearían, y muy valorable en el presidente galo, ya que Francia es parte de ese selecto club que restaría poder a sus actuales miembros en la medida en que incorpore más países.
Los demás discursos completaron una variedad que va desde lo excelso a lo estrambótico. Con Cristina Fernández dictando cátedra de economía "productivista"; y con George W. Bush hablando de terrorismo a pesar del desprestigio de su cruzada bélica y de que el tema de hoy es la crisis financiera en la que su gobierno ha tenido responsabilidad.
Fue importante la participación de Bachelet subrayando la Cumbre de La Moneda como ejemplo de efectividad multilateral en la diversidad.
Así como el diálogo impuesto por Unasur alejó a Bolivia (aunque no demasiado) de la cornisa de una guerra civil; la cumbre dominicana del Grupo Río, también siguiendo la batuta de Brasil, conjuró el peligro de una guerra entre Colombia, Venezuela y Ecuador. En los dos casos, preservando su diversidad, la región se ayudó a sí misma con notable efectividad, por lo que es válida la alusión de la presidenta chilena.
Hubo muchos otros discursos lúcidos y significativos. Pero los imprescindibles fueron los que, como en los casos de Lula y Sarkozy, aludieron a la reforma que permitiría al Consejo de Seguridad aggionarse para afrontar los principales desafíos que plantean el hambre, el clima y la energía. La ampliación necesaria para que la ONU deje de ser un espejo que atrasa.