RAÚL MERNIES
Antes de la pelea la brasileña y la uruguaya estaban separadas solamente por un pasillo de un metro de ancho y, sin embargo, no hubo saludos ni diálogos de ningún tipo.
La uruguaya campeona del mundo llegó al Palacio Peñarol sobre las 20.15 horas vistiendo ropa nueva, ya que como cábala estrena un atuendo antes de cada pelea.
Sobre las 22.00 horas estaba cambiada, con sus manos vendadas y lista para realizarse el control anti dopaje.
A un metro de su puerta, la brasileña concentraba sola, de guantes puestos y con la mirada clavada en el piso. No respondió al saludo.
Mathías, el novio de Chris, la acompañó en todo momento: en la previa (por cierto, sin tensiones ni nervios), durante los masajes, y hasta en el calentamiento. En ese instante, en unos de los pasillos, se vieron. Rojo cruzó encapuchada y Namus no sacó la mirada de las manoplas de su técnico, Ramón Barrero.
El ring escuchó primero la samba cuando entró la brasileña y unos minutos más tarde el repleto Palacio Peñarol se puso de pie para el ingreso del "Bombón asesino".
La pelea fue intensa, nadie tomó asiento. Cuando la derecha de la uruguaya noqueó a Rojo el grito de "¡U-ru-guay, U-ru-guay!", estremeció. Chris exclamó: "No puedo creer que la tiré y no se levantó", y se fue a festejar con su gente.