DANIEL ROSA
Las horas van a pasar y la calentura por los dos puntos dejados contra Ecuador seguramente va a desaparecer. También va a pasar la bronca con aquellos futbolistas con los cuales la afición se retiró molesta por entender que no entregaron todo lo que debían.
Sin embargo, lo que será difícil de olvidar es la pésima ejecución de los centros que tuvo el equipo celeste y de la cual Diego Forlán fue el abanderado.
En el fútbol de hoy, en el cual los espacios no abundan, las jugadas de pelota quieta han adquirido un papel fundamental. Es cierto que no es cuestión de tirar un centro llovido y que se arreglen después los cabeceadores, pero a decir verdad eso es preferible a lo que hizo Uruguay anoche.
Forlán lanzó cuatro tiros de esquina en la primera mitad. Tres fueron desde la derecha del ataque y el restante de la izquierda. Sólo uno, el último de ellos, llegó al centro del área. Los restantes tuvieron el mismo destino que dos que tiró en la segunda mitad: el piso en las cercanías del primer palo o el pie de un rival.
Quedó la sensación de que el delantero de Atlético de Madrid buscaba una jugada preconcebida, porque a ese primer palo siempre fue Martín Cáceres, un muy buen cabeceador que hizo muchos goles llegando por el primer palo, pero reiteradamente la jugada fue mal ejecutada por Forlán. Entonces cabe algunas preguntas.
Una de ellas es si nadie en el campo se dio cuenta de que la jugada no salía y que era preferible cambiar el ejecutante. En las tribunas seguro que sí, porque cada vez que Forlán se acercaba a la pelota para prepararse a lanzar el centro se generaba un rumor de la gente que denotaba la desconfianza. A decir verdad, ya sobre el final del partido el maestro Tabárez parece que se dio cuenta y mandó a que ejecutara un tiro libre en forma de centro desde la izquierda Maximiliano Pereira. ¡Para qué! El "Mono" tenía a uno solo haciéndole barrera y tuvo la puntería para acertarle.
Otra cuestión que sale a luz es si se tienen tan pocas variantes para aprovechar córners o centros a partir de balones parados, porque se cayó siempre en la misma fórmula inocua. Eso es quizá lo que despierta en los periodistas ese resentimiento a cuando la selección nacional o cualquier otro equipo cierra sus puertas para trabajar durante los últimos tres días, porque al fin y al cabo uno se pregunta casi herido: ¿es para esto?
Para ganar hay que hacer goles y es imposible convertirlos sin tirar al arco. Se disparó poco y, para peor, los centros ni siquiera dieron la esperanza de ese cabezazo salvador tan uruguayo.
Los protagonistas del pasado
Bengoechea
Fue el último gran ejecutor celeste de balones parados, ya sea para lanzarlos directo al arco como para ponerlos en la cabeza de los compañeros.
"Chicharra"
Venancio Ramos cruzaba con precisión quirúrgica los envíos, a la cabeza o a media altura, para dejar a sus compañeros de cara al gol.
"CHico" Moreira
José Hermes Moreira mandaba el balón al centro del área y sólo había que empujarlo. Victorino lo disfrutó en Nacional y con la celeste.
Álvaro Recoba
¿Quién no se acordó de él anoche en el Centenario cuando vio los centros de Forlán? En realidad el "Chino" los hacía un poquito mejor.