JORGE SAVIA
"Bien la gente, ¿eh?", comenta Piñón ya durante el segundo tiempo, cuando el cuadro no llega y el público alienta, no se impacienta y tampoco transmite desencanto.
Bien la gente, claro. Es que, si acaso, se dio cuenta que -para bien o para mal, según los casos- "es lo que hay valor", como lo patentó Kesman en el lenguaje popular desde hace ya unos años.
En una palabra. No ganó la selección. Y no se trata de que el hincha lo esperaba. Que desconfiara. Quizá, simplemente, sabe -o va palpando- qué da y qué no da cualquier alineación que pueda armar Tabárez. Porque el 0 a 0, o la forma cómo se produjo el empate, no dio ni siquiera para discutir sobre la integración que escogió el entrenador, ni acerca de los cambios -acertados- que fue haciendo durante el trámite.
Ecuador vino con una línea de cuatro; Castillo como volante tapón jugando por delante de la retaguardia; más arriba otros cuatro mediocampistas de salida medianamente aceptable, al punto que en la media hora inicial del segundo tiempo el visitante fue cuantitativamente más insinuante que el locatario; y Caicedo jugando de "llanero solitario".
Así, bien parado, ordenado, con buenos relevos, con coberturas exactas, con dinámica para hacer correr la pelota y tenerla más o menos como el dueño de casa, y con 10 morochos rápidos y en su mayoría "grandes", Ecuador impidió que Uruguay tuviera continuidad y volumen de juego atacante y que pudiera apelar al otro recurso que le quedaba: entrar por afuera, por los laterales, y meter centros al área ecuatoriana para intentar ganar en el juego de alto.
Lo de Uruguay, entonces, fue previsible. Anunciado. Salvo un par de embestidas de Forlán, un derechazo que -tras muy buena jugada personal- metió en el primer tiempo el "Nacho" González y un gran pase del propio Forlán que dejó a Bueno solo frente a Cevallos, todo transcurrió en el marco de un "statu quo" que tenía como inexorable destino el empate.
Es más, Tabárez "movió el banco" en forma adecuada, porque Eguren fue más protagonista como "5", Pereira aportó una salida más limpia que el "sucio" manejo que tuvo Gargano; Suárez abrió más la ofensiva, que casi terminó jugando con tres atacantes; y Abreu ofreció una posibilidad más para el juego aéreo, que no pudo "descargarse" sobre el área rival, pues el "Cebolla" pudo ganar muy pocas veces el fondo de la cancha, y porque hubo una inusual cantidad -7- de centros bajos, mal ejecutados.
Viendo eso, pues, se portó bien la gente, como dijo Piñón en el palco. "Es lo que hay valor", según Kesman. Para ganarle a Colombia en Bogotá. O para empatar con Ecuador en el Centenario. No hay que hacer drama. Ni es una "cachada", como la de esas pegatinas callejeras que aparecen en Buenos Aires cuando un equipo no logra algo y los hinchas rivales al día siguiente "lo cargan": seguí participando, Uruguay. Si ganaba ayer, "cortaba" la tabla. No pudo. No es fracaso. Es la realidad. Y hay que seguir afrontándola.