BOGOTÁ | ENVIADO
El cambio de planes de los celestes con respecto a las primeras horas siguientes al partido y al viaje de retorno a Montevideo, que no emprendieron como otras veces, de inmediato, yendo directo desde el estadio hacia el aeropuerto "El Dorado", permitió que en esta ocasión los jugadores no solo regresaran al hotel para bañarse y cenar, sino también para tirarse un rato a la piscina y relajar los músculos tras el esfuerzo realizado durante el cotejo jugado frente a los colombianos.
El avión que llevó y trae a la selección partió anoche desde el aeropuerto "El Dorado" de Bogo-tá poco después de la mediano-che colombiana, y se calcula que tras realizar una escala técnica -como a la ida- en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, los celestes arriben a Carrasco hoy, entre las 10:00 y las 10:30 de la mañana.
Por suerte, como se disputó un sábado, el viaje de los celestes desde el hotel al estadio fue relativamente corto y rápido, no como cuando fueron a hacer el reconocimiento de la cancha el pasado viernes al caer la tarde, pese a que lo hicieron en un horario que acá, a los efectos del tránsito, se le conoce como "pico y placa". Es que, como el parque automotor es tan impresionante y los embotellamientos son infernales, de 6 a 9 de la mañana y de 4 a 7 de la tarde, según sea su número de matrícula -aquí placa-, los autos no pueden circular por las calles.
Ayer, también, como era lógico, por otra parte, apenas apuntó al portón de acceso al estadio contiguo a los vestuarios, el ómnibus entró "como taponazo", sin tener que esperar como el día antes, cuando se dio un hecho al menos singular, por no decir insólito: aunque se sabía a que hora iba a ir Uruguay a reconocer la cancha, los celestes tuvieron que ¡golpear la puerta un largo rato! para poder ingresar al tradicional escenario futbolístico de la capital colombiana.
LOS HINCHAS. El hincha colombiano, en general, no resulta agresivo, pero es sumamente expresivo y muy fanático. Por esa razón, pues, en esta ocasión se decidió -criteriosamente- que los uruguayos que viajaron en el chárter de la selección, no salieran desde el hotel hacia el estadio separados de los celestes, sino que lo hicieran en un ómnibus que fue "pegado" al que llevaba a técnicos y jugadores, de modo que no tuvieron que bajarse en la calle y caminar en medio del gentío local, sino que recién "echaron pie a tierra" después de haber atravesado el portón de entrada a los vestuarios del citado escenario.
El campín con pasaporte
Obviamente, por el tema de las FARC, es "duro" en Colombia el tema de las identificaciones personales. Menos mal que en la Federación Colombiana de Fútbol lo advertían cuando cada periodista extranjero iba a acreditarse. Al entregarle el "pase libre" le decían que solo con el habitual colgante de plástico no bastaba; el que no iba a "El Campín" con su pasaporte y el correspondiente papel de migraciones de ingreso al país, no había caso: no entraba al estadio. El de la Federación Colombiana fue un ejemplo de organización, al menos en lo que tiene que ver con algún detalle que uno no había visto nunca en ninguna parte, ni en países de avanzada: al acreditarse, cada periodista recibía un plano en colores, diferenciando y señalando las diferentes zonas donde iba a tener que desarrollar su trabajo.