ANA PAIS
Sin llegar al extremo de cambiar los monumentos de bronce por imitaciones de plástico, la Intendencia de Montevideo va a hacer un reacondicionamiento antivandalismo en las 18 plazas emblemáticas de las 18 zonas de la capital.
Cada Junta Local y Concejo Vecinal eligió una plaza dentro de su área. La Intendencia, por su parte, puso a su disposición US$ 30.000 para realizar las obras que internamente llaman de "puesta a punto". Caminería, iluminación, jardinería e infraestructura básica como muros-bancos, fueron las principales necesidades.
Los nueve proyectos más complejos serán derivados a empresas privadas o cooperativas, por ejemplo, la Plaza Restauración en La Unión y la Lafone en La Teja. En cambio, los nueve restantes los llevarán a cabo funcionarios del Servicio de Obras. Entre ellos está el espacio delimitado por las calles La Paz, Democracia y República, que es un área verde de unos escasos metros, ocho árboles y tres bancos.
La Plaza Matriz es una excepción entre las 18 seleccionadas. El monto de la licitación cuyo pliego están elaborando, costará más de $ 1.800.000, estima Daniel Espósito, director de la División Espacios Públicos. Parte del dinero proviene del Ayuntamiento de Barcelona, que aportó US$ 180.000 para esta plaza y la de Punta de Rieles (ver nota aparte).
El sitio donde en 1830 se juró la primera Constitución y que hoy es el principal centro turístico de la zona para quienes llegan a Montevideo en cruceros, tendrá nuevo pavimento, más iluminación y rejas en todos los canteros, entre otras reformas. De todos modos, faltan por lo menos unos 10 meses para que comiencen las obras, dice Espósito.
"No puedo hacer una inversión como la del Parque Batlle de US$ 600.000 entre restauración de monumentos y obras de infraestructura, sin vigilancia. Fijate que si me roban la bomba, con todo el sistema hidráulico y panel eléctrico del Obelisco, me sale US$ 50.000. Y de repente la venden en la feria a $ 500", ejemplifica el director municipal. Los espacios son públicos, pero Espósito habla de las consecuencias del vandalismo como algo personal.
Para minimizar la destrucción de las áreas reacondicionadas, desde la comuna se optó por poner las cámaras para el alumbrado bajo tierra, selladas con cemento o dentro de las columnas, no dejar cables visibles, construir bancos de hormigón y no de madera, reforzar los soportes de hamacas, etc.
Lejos están de los faroles de estilo colonial que se colocaron durante la administración de Mariano Arana en el Prado en 1998. Eso sí: al año siguiente ya habían robado la mayoría de los focos, cuenta Espósito.
Según el jerarca, "estamos pasando a otros sistemas constructivos mucho más fuertes. Hasta tenemos que estar pensando en que la tipología de los materiales no tengan valor de reventa para que no lo roben. El nuevo nomenclátor, por ejemplo, lo vamos a hacer con un producto de reciclaje del plástico justamente porque nos robaban las chapas".
Y agrega: "En algunos países tuvieron que sacar los monumentos reales y poner imitaciones de plástico".
Si bien la comuna todavía no evalúa esta posibilidad, en una esquina de la oficina de Espósito está la cola de uno de los bueyes del monumento La Carreta, el más reconocido del escultor José Belloni. Esta obra histórica ubicada en el Parque José Batlle y Ordóñez se ha cotizado alto en los últimos años en el mercado. Pero no en el mercado del arte escultórico, sino del mero bronce.
SEGURIDAD. Lo ideal para conservar las obras que por lo menos costarán US$ 540.000 a la Intendencia, sería tener un sistema de vigilancia las 24 horas. Sin embargo, tanto el servicio policial 222 como las empresas privadas son costosos y no están preparados para esto, explica el jerarca municipal.
Tampoco podrían ser funcionarios municipales, ya que según Espósito deberían contratar a 8.000 personas para vigilar los más de 1.000 espacios públicos de Montevideo. "Por eso tuve que inventar el tema de los cuidaparques" sólo para "los lugares muy emblemáticos con valores patrimoniales importantes", dice.
En este momento hay tres cooperativas encargadas del servicio de cuidaparques en Parque Batlle y Rodó y en el Jardín Japonés. Sus funciones van desde evitar que la gente se trepe a monumentos y árboles hasta prohibir la formación de asentamientos.
Gente haciendo fogatas, acampando o durmiendo en los parques era un paisaje común en los tres lugares. Sólo en Parque Batlle había más de 30 residentes permanentes cuando a fines de diciembre empezaron a trabajar los cuidaparques. Ahora no hay ninguno.
Para el jerarca, la receta es simple: "No puedo estar haciendo política social. Comprendo esa situación, pero mi función es hacer inversiones en obras en espacios públicos y mantenerlas para que no me las hagan bolsa". Entonces la primera regla para Espósito es "acá no podés estar".
La evaluación del trabajo de los cuidaparques es positiva. "En estos ocho meses sólo hubo un incidente en Parque Batlle y fue el robo de 30 metros de cable que la gente que estaba trabajando los dejó a la vista y alguien los manoteó -cuenta el jerarca. Pero antes una vez por semana había que reponer cables o me robaban placas o pedazos de monumentos".
Hace un tiempo fueron procesados el sereno y un peón de una obra que, con marrón y carretilla, se estaban llevando otra escultura de Belloni: el homenaje a José Enrique Rodó. Lejos de ser coleccionistas, los hombres vendían a $ 100 el kilo de bronce. Sólo el perro del monumento pesa 350 kilos.
A ambos les tipificaron un delito por hurto agravado porque Espósito hizo un informe detallando no sólo la inversión de US$ 50.000 que implicó su restauración, sino la pérdida intangible desde el punto de vista patrimonial. Según Espósito, hay que terminar con la impunidad en los espacios públicos.
Las cifras
540 Es el costo mínimo en dólares de las obras que se están realizando en 18 plazas de Montevideo: son US$ 30.000 cada una.
100 mil Es el precio en pesos del kilo de bronce. El perro del monumento a José E. Rodó, que viene sufriendo el vandalismo, pesa 350 kilos.
Barcelona financia proyectos urbanos
La recuperación del edificio Jaureguiberry estrechó los vínculos entre la Intendencia de Montevideo y el Ayuntamiento de Barcelona. Para aprovecharlo, a principios de este año, cuando el jefe comunal, Ricardo Ehrlich, viajó a esta región de España a rendir cuentas por las obras en las que habían invertido 250.000 euros, presentó dos proyectos urbanísticos más.
Con US$ 180.000 el ayuntamiento apoyó a ambos: el reacondicionamiento de la Plaza Matriz y el de la ubicada en Punta de Rieles.
La idea que surgió desde los vecinos del Centro Comunal Zonal 9 fue rendir homenaje a las mujeres detenidas en la cárcel de Punta de Rieles durante la dictadura.
Para realizar el proyecto se realizaron talleres en la biblioteca barrial Francisco Espínola con gente de la zona, las propias mujeres que habían estado presas y una arquitecta de la intendencia. Se está elaborando el pliego de la licitación.