CLAUDIO FANTINI
Karbi es una inhóspita aldea habitada por georgianos tan viejos que no pueden enterrar a sus vecinos muertos que se descomponen a la intemperie. Fueron acribillados por osetios que saquean y aniquilan en las comarcas de georgianos, diciendo que su pueblo también sufrió el vandalismo de Georgia. El desprecio interétnico es la antesala del pogromo y la limpieza étnica.
Por detrás de la tragedia humana está el debate histórico-político. Las potencias de Occidente no escucharon a Rusia cuando, defendiendo la integridad territorial de su eterno aliado en los Balcanes, rechazaba la independencia de Kosovo.
En ese rincón antiguamente llamado "Campo de los Mirlos", la mayoría es de raza y religión distintas a las de Serbia. Los albaneses son ilirios y musulmanes, mientras que los serbios son eslavos y cristiano-ortodoxos. Esa mayoría quiso independizarse con argumentos similares a los que osetios y abjasios plantean para separarse de Georgia.
Rusia tiene derecho a preguntar a Europa y Estados Unidos por qué rechazan en los pueblos caucásicos el mismo argumento que aceptaron en los Balcanes. Si fue correcto favorecer el deseo kosovar de separarse de Serbia, ¿por qué es incorrecto el deseo osetio y abjasio de separarse de Georgia?
En este punto sólo queda un argumento válido a las potencias de Occidente: históricamente, los musulmanes balcánicos fueron segregados por los eslavos cristianos, que los consideran una cultura inferior y apóstata por "traicionar" la fe de los evangelios para adoptar la del imperio otomano.
Ese maltrato se vio en el Reino de los Croatas, Serbios y Eslovenos del rey Pedro Karajeorgevic, y también en la Yugoslavia pos-titoísta. Por eso el mariscal Tito había dado a las minorías étnicas de Kosovo y Vojvodina la autonomía que Slobodan Milosevic abolió de un plumazo, inicinado la brutal limpieza étnica que dejó en las retinas del mundo las caravanas de tractores de los campesinos musulmanes que dejaban sus tierras para refugiarse en Albania y en Montenegro.
Por sobre las dimensiones histórico-política y humana del conflicto, están los interrogantes que oscurecen el futuro inmediato: ¿será posible que la OTAN cumpla su objetivo de incorporar en diciembre a Georgia y a Ucrania? ¿qué ocurrirá si Rusia sigue desoyendo la exigencia de retirar sus fuerzas del país invadido? ¿es posible una guerra entre la OTAN y Rusia?
A esta altura está claro que Rusia interpreta los seis puntos que negoció con Sarkozy de manera diferente a Georgia y sus aliados occidentales. La retirada rusa demora más de la cuenta. ¿Son las dificultades propias de movimientos de semejante envergadura? ¿Son artimañas de Moscú para completar la destrucción de las defensas georgianas? ¿O son desmesuradas exigencias de la OTAN queriendo lo imposible?
Eso imposible es que el Kremlin acepte que todo vuelva a la situación previa al conflicto. O sea que Osetia del Sur y Abjasia vuelvan a ser consideradas internacionalmente como parte inalienable de Georgia.
Es sencillamente absurdo. La guerra ocurrió y toda guerra impone consecuencias que sólo puede revertir otra guerra. Ergo, Osetia del Sur se integrará a la republica rusa de Alania, del mismo modo que Abjasia quedará integrada a la porción rusa de ese territorio dividido por el georgiano Stalin.
Pero si esta nueva realidad no queda instituida e internacionalmente legalizada antes de diciembre, ¿qué ocurrirá si Georgia entra a la OTAN en ese mes? En otras palabras: ¿qué hará la OTAN cuando Rusia anexione en los papeles lo que acaba de conquistar en el campo de batalla?