SEBASTIÁN DA SILVA
Amedida que se acercan los vientos electorales, algunos especímenes de nuestra población adquieren más relevancia. En primer lugar los políticos, que vamos ganando espacio en los informativos, vamos revelando nuestros buenos o malos humores y publicitando nuestras estrategias de cara al veredicto popular.
Otra especie que florece, por lo mismo, son los politólogos, sociólogos o analistas de opinión pública, que dejan de medir la aceptación de la mayonesa o el lanzamiento de una marca de detergente para detenerse un poco más en el pensamiento ciudadano y su eventual reflejo en las urnas.
Políticos y politólogos, vamos así generando ambiente para que la gente comience a interesarse un poco más en propuestas electorales y así comenzar a decidir su voto.
Como siempre ocurre, sobre todo en Uruguay, la publicación de las encuestas serias, genera todo tipo de conjeturas, análisis y proyecciones, donde las cuatro o cinco empresas confiables justifican el resultado de sus mediciones a partir sus de propias metodologías, que no necesariamente se parecen.
Por esas diferencias cada uno puede legítimamente hacer una lectura distinta de la realidad, pero en cada caso, esas lecturas generan opiniones a favor o en desmedro de un candidato o una fuerza política. Todos recordarán la verdad revelada de las elecciones anteriores, en donde todos gritaron a los cuatro vientos que el Frente arrasaría en primera vuelta. El resultado fue que ganaron por 9.000 votos de los que llegaron de Argentina que por vivir allá, nunca fueron encuestados.
Hoy por hoy las encuestas están generando las mismas reacciones de cara a la próxima elección, pero debido a que trata de elecciones internas los revuelos impactan al interior de cada uno de los partidos. Los colorados dan por cierto que Bordaberry va arriba y los que van abajo hacen de tripas corazón para poder hacerle frente.
La izquierda mira de reojo las encuestas para decidir si compiten o arreglan como siempre, mientras tanto Mujica es un canciller itinerante y Astori rebaja impuestos.
Y en el Partido Nacional pareciera que la carrera pasó a ser de competitiva a irrefrenable, con los candidatos lanzadas en plena puja electoral.
Estas acciones y reacciones políticas es lo que generan las encuestas, a esta altura del partido cuando la realidad que refleja mucha de estas mismas mediciones es que la decisión electoral claramente no integra las prioridades de la ciudadanía en el año 2008.
El no poder salir de la casa por miedo al robo, el ver que nuevamente la plata no vale nada, el asistir a los aumentos de cada día, el amargarse porque los costos vuelven a afectar la competitividad, la demora en las horas de las mutualistas y muchos otros y cotidianos dolores de cabeza son las prioridades. El partido, o candidato que lo tenga claro será el que mayor frutos saque de la demanda ciudadana que vale la pena recordar, hoy salidos de la crisis, es más sofisticada que cuando se hacía cola para poder comer el ensopado criollo estatal.
Por tanto ni la encuestitis ayuda, ni el síndrome que tenemos los políticos de ser el ombligo del mundo. Lo que ayuda y lo que quiero para mi partido es dar el conjunto de soluciones que pueda satisfacer esa demanda ciudadana. Lo demás viene solo.