JORGE SAVIA
"Tuve ofertas de Brasil, de China y Universitario de Perú", reveló el "Chengue", al que también llamó Paolo Montero desde Italia y le dijo: "Andá al aeropuerto, sacá un pasaje y veníte para acá". A todos les respondió que antes tiene que hablar con Nacional, aunque anoche, en "La Fiaca" del Geant, le confesó a Ovación que "no sé qué voy a hacer", como lo ratificó cuando el mozo le comentó: "Pregunta el pizzero si volvés... porque si volvés, la saca (la pizza del horno) bien"; y é le respondió: "Decíle que la saque, vos traéla y después vemos..."
- En estos días, ¿qué le ha dicho la gente en la calle?
- Me han demostrado cariño; me pasa con los compañeritos de clase de ella (señala a la hija), que le preguntan qué voy a hacer y me escriben cartas... son las cosas que a uno lo hacen reflexionar. Yo no tengo vergüenza, porque no robé a nadie, pero uno se pone a pensar, no son momentos fáciles...
-¿El tiempo no fue sanando ninguna herida?
-Es que yo siento vergüenza de haber perdido los clásicos como los perdimos, de haber jugado en la forma que jugamos. Creo que nos faltó todo lo que tiene que haber en el fútbol y eso es lo duele: si uno se brinda al máximo y pierde, ahí la cosa cambia...
-¿Faltó actitud, acaso?
-No sé si actitud, yo creo que lo que tuvimos fue un shock de responsabilidad. Teníamos la necesidad de ganar y nos consumió la responsabilidad. Tal vez yo no lo supe transmitir, o el cuerpo técnico, o entre todos no supimos sacarnos la presión de encima. Parecía que estábamos más presionados nosotros que los rivales.
-¿Volvió a pensar en estos días en lo que significó tirarle la camiseta a los hinchas rivales?
-Ahora sí, claro; pero en ese momento no pensé nada. Hay que estar ahí, me iba de la cancha, uno escucha todo, me insultaban... y fue la primera reacción que tuve, sin pensar en lo que había o venía atrás. Por eso, después, pedí disculpas, y dije a la hinchada de Peñarol porque me preguntaron eso y contesté eso, pero... al contrario, exploté por la vergüenza que sentía por los hinchas de Nacional que pagaron la entrada y nosotros, que no habíamos ganado la Copa, no habíamos ganado el Uruguayo, y habíamos perdido un clásico, estábamos perdiendo otro clásico...
-¿Por qué decidió no seguir?
-Porque había muchos jóvenes a los que había que tocarlos de alguna forma, para que se sintieran dolidos, afectados, y no por no haber jugado, o haber jugado 20`, que piensen que no pasó nada. Que se acostumbren que los clásicos hay que ganarlos.
-Recoba dijo que no volvía a Nacional porque Pacheco le había contado la presión que sufrió en Peñarol por tener que ganar algo. ¿A Ud. le pudo haber pasado eso también?
-Yo cuando vine sabía, porque conocía el club...además, nosotros veníamos bien: ganando, cobrando, la veníamos llevando bárbaro, hasta que pasó lo del "Tuna" (Fornaroli), que se cobraba, que no se cobraba, y aunque parezca que no, eso generó muchísimas cosas, porque el jugador de fútbol entiende que si venden a un compañero hay un ingreso de plata al club y, bueno, el grupo no entendía muy bien cómo eran las cosas... el "Tuna" estaba vendido, en la prensa se hablaba de muchísima plata y, sin embargo, nunca aparecía la plata. Eso afectó, aunque no adentro de la cancha.
-¿Está arrepentido de haber vuelto desde España?
-No. Tal vez ahora me doy cuenta que no estaba preparado para todo lo que se fue generando: vine, a la semana se filmó una publicidad, toda la gente estaba muy ilusionada, y de un día para el otro me como un choque muy fuerte... afuera de la Copa, perder el Uruguay, perder dos clásicos seguidos, no es fácil. Mi reacción fue como decir: "hasta acá llegué". Estaba con mi familia, pero tenía la cabeza puesta en lo que había que solucionar mañana.
-¿Por qué no fue nunca a Los Céspedes?
-Iba a ir... iba a ir justo la noche antes de la final, pero después no concentraron; el domingo, después del partido, estuve con Javier (Morales), con Walter (Ferreira) que vinieron a casa a saludarme, y los demás muchachos hicieron una cena íntima y me invitaron, pero no pude ir porque yo había invitado a mis padres a comer un asado y no me iba a ir y dejar que ellos se quedaran. Los muchachos me llamaron, querían venir todos, pero yo les dije que no era el momento.
-¿Y con los dirigentes, habló?
-Sí, con Alarcón y Barreiro, después del clásico. Me parecía algo de respeto decirle lo mismo que les había dicho (que se iba) a mis compañeros en el vestuario.
-¿Y en qué quedaron?
-Ellos no me han dicho nada, no me han contestado nada. Me dijeron: "quedá tranquilo, pensálo", y... bueno, en este momento estoy pensando en lo que va a pasar.
-Pero, cuando termine la licencia del plantel, ¿qué va a hacer?
-Quiero sentarme con ellos (los dirigentes) y saber qué es lo que hay. Yo ya les dije algo, ya les planteé algo... que no estaba bien, que no sentía fuerzas para seguir y, bueno, depende de ellos que fueron los que me trajeron. Nos vamos a tener que juntar y ver el pensamiento que ellos tienen de mí, quiero preguntarles si si serví para algo o no, si fue bueno haberme traído o no. Pero no se trata del "Chengue", lo principal hoy tiene que ser Nacional. Nacional es mucho más grande que el "Chengue". Hoy no puedo decir ni que sí ni que no, no estoy seguro de lo que voy a hacer. Hoy, en confianza, no tengo ganas de volver, pero tengo que sentarme con ellos (los dirigentes) y ver qué es lo mejor para todos.
-Si pudiera, ¿qué cambiaría de todo lo que pasó?
-En mi casa, mi familia me dicen: "vos estás loco", pero yo cambiaría, por ejemplo, un Campeonato Uruguayo por haber ganado los dos clásicos.