SILVIA PÉREZ
"¡A pesar de los años, los momentos vividos, yo te sigo queriendo bolsilludo querido..., bolsilludo queridooooo!". La joven madre bailaba haciendo la ronda con su pequeño hijo en la platea América. El canto, el mismo que bajaba desde la tribuna Amsterdam, salía desde lo más profundo de su alma y el niño la miraba embelesado.
En la cancha los jugadores acababan de recibir las dos copas y corrían hacia la tribuna para ofrecérselas a la hinchada. Algunos se tiraron al foso de agua sin importarles el frío ni lo que tenían adelante. A tal punto que arrastraron con ellos a uno de los fotógrafos que terminó igual de empapado.
El festejo podía parecer exagerado, pero los 16.000 bolsos que se hicieron presentes en el Centenario, se sacaron el sufrimiento y la bronca de adentro y dieron rienda suelta a su felicidad.
Un rato después Mauricio Victorino, que no pudo jugar, regresaba desde la cancha besando emocionado una de las copas.
En eso, en medio de los hinchas que se agolpaban en la puerta del vestuario tricolor, apareció el presidente violeta, Fernando Sobral. Venía a saludar a su colega Alarcón que en ese momento hablaba para una radio. "Vengo a saludar como corresponde", explicó Sobral que esperó que terminara y luego ambos hombres se fundieron en un abrazo. "Es un gran presidente", dijo Alarcón.