Hinchas adentro y afuera

Los jugadores de Peñarol revolearon las banderas junto a sus seguidores; los bolsos dieron un ejemplo

SILVIA PÉREZ

Faltaba poco para el final y ya a nadie la importaba lo que pasaba en la cancha. Los manyas deliraban en la Amsterdam elevando sus brazos al cielo en un multitudinario aplauso. Del otro lado, los bolsos daban un ejemplo y seguían alentando a los suyos. Encendieron sus bengalas y gritaron una vez más "¡Nacional, vamo Nacional!", aunque ya era inútil.

Luego del pitazo final, los jugadores de Peñarol se abrazaron entre ellos disfrutando la victoria. Fueron hasta la Amsterdam a ofrendar el triunfo a sus fieles seguidores. Matías Aguirregaray tomó una enorme bandera que le alcanzaron los hinchas y comenzó a agitarla como uno más de ellos. Maximiliano Bajter lo imitó. Mientras tanto, en la boca del túnel, el técnico Mario Saralegui daba rienda suelta a su emoción. Con el puño crispado gritaba "¡Viva Peñarol!" en estrecha comunión con los parciales de la platea América.

Otro clásico quedó atrás. Las 50.000 personas que se hicieron presentes en el estadio Centenario regresaron a sus hogares con ánimos diferentes: unos locos de la vida y otros masticando bronca. Pero todos ellos volvieron a vivir la fiesta máxima del fútbol.

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