"Nunca Más" y libertad

Leonardo Guzmán

Fracasó el intento de unificar por decreto las fechas patrias consagradas legalmente. Era lógico. La ley no las sorteó para, a tiza, dibujar números en pizarrones. Las recogió de un hondo juicio moral sobre los fastos de que venimos.

El 19 de Abril de Lavalleja sella el heroísmo del Desembarco de 33 hombres contra el Imperio invasor. El 18 de Mayo de Artigas es en Las Piedras victoria bélica y moral: "Clemencia para los Vencidos".

Y el 19 de Junio como Natalicio, el 18 de Julio como fe en la Constitución y el 25 de Agosto como Declaratoria de írritos, nulos y sin ningún valor para siempre los juramentos arrancados al pueblo, marcan las etapas que forjaron el ser nacional.

La sucesión de fechas memorables indica la persistencia en el propósito que en 1828 ancló la Convención Preliminar de Paz pero venía del Cabildo Abierto del 21 de Setiembre de 1808, la Redota y el Congreso de Abril de 1813, e iba a proyectarse hasta el mañana de nuestro hoy.

Todo eso se nos inscribió en el alma, transformado en admiración, gratitud y compromiso personal. No es "relato" ni "constructo lingüístico", como dicen los que le llaman ser progresista a creer que todo es un juego de palabras y nada es cosa, acción ni valor.

Cada fecha nacional marca un hito en las luchas del pensamiento haciéndose obra de hombres que no se tupían con libros, datos ni encuestas-pronóstico pero sabían sentir la realidad y columbrar el ideal. A contramano de lo inmediato, diseñaron a distancia con el trazo creador y el pulso firme de los artistas mayores y los sembradores.

Inscripto ello en nuestra ciudadanía, ni aun en los actuales tiempos de decadencia cultural pudo licuárselo en una fecha única.

El 19 de Junio no perdió su perfil de fecha de Artigas -por añadidura de la cual se consagró como Día de la Bandera y Día del Abuelo.

El reciente adjunto de "Nunca Más" no concitó el entusiasmo de la mayor parte de los protagonistas de la guerra, ni de los actores y víctimas de la dictadura subsecuente ni de los gobernantes de la democracia renacida.

Por lo cual se explica que el peso específico de actos como el de ayer deba medirse por lo significativo de las ausencias.

Seamos claros: el propósito pacificador que proclama el "Nunca Más" -lema tomado del título que le dio Sábato a su informe sobre los horrores de la dictadura argentina- nos encuentra naturalmente bien dispuestos, por la simple razón de que siempre lo estuvimos.

Por principios, nos opusimos al fratricidio antes que la guerrilla sacara a los militares a revisarnos uno a uno, antes que la izquierda oyera esperanzada las suposiciones populistas de los comunicados 4 y 7 y antes que Bordaberry disolviera el Parlamento. Es que para nosotros, está fuera de discusión el valor intrínseco de toda convocatoria a no levantar las armas entre hermanos, ya la profiera un Presidente o ya la yerga un ciudadano perorando sobre un banquito.

Es que en realidad, deben preocuparse por "Nunca Más" quienes hoy legitiman atrocidades como las que perpetran las FARC en la lacerada Colombia, pasean para ir a abrazarse con dictaduras intrafamiliares como la de los Castro y, atados al dogma de la lucha de clases nacido hace más de siglo y medio, colocan sus proyectos por encima de la Constitución.

Es decir, quienes ignoran que el pacto de no dañarnos se llama a secas, desde Sócrates a hoy, libertad.

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