DANIEL ROSA
Se terminó el invicto de Nacional y de la peor manera. Siempre se puede perder, porque no existen los equipos imbatibles, pero lo que más le duele al hincha tricolor de la caída 2-1 ante Miramar Misiones no es que haya sido en el Parque Central ni ante un elenco que, pese a haber ganado sus últimos dos juegos, aún sigue en zona de descenso. Lo que más le molesta es que el equipo no dejó el alma.
Tanto se alabó ese convencimiento, ese espíritu colectivo, esa entrega por el bien común que fue clave para que el equipo de Gerardo Pelusso estuviera al tope tanto en el Clausura como en la Copa Santander Libertadores, que cuando no aparece también es justo señalarlo. La diferencia entre el Nacional que ayer cosechó una merecida derrota ante Miramar y el que vapuleó a Flamengo hace una semana y media atrás fue que contra los brasileños (y en los partidos anteriores) todos jugaron para el colectivo y anoche cada uno hizo la suya.
No se trata de quitarle méritos a Miramar Misiones, que jugó muy bien, pero el partido lo perdió Nacional, más que ganarlo el cebrita. El conjunto que de la mano de Adán Machado ganó los seis puntos que disputó sorprendió por su buen trato de pelota, por su firmeza defensiva, por su velocidad de transición y por su inteligencia táctica para ocupar mejor los espacios de la cancha. ¿Le suena conocido? Claro, es lo que era Nacional hasta hace una semana. Los papeles se invirtieron. Los jugadores de Miramar pelearon ayer cada pelota como si fuera la última, con convicción y dientes apretados. Los de Nacional fueron, en su mayoría, endebles. Salvo los Morales, Cardacio y Victorino, los demás dieron la sensación de cuidarse las piernas.
Bertolo y Fornaroli se dieron de frente contra los defensas y fueron egoístas a la hora de soltar la pelota. Cardacio era el más claro y generoso con la pelota e inexplicablemente Pelusso lo sacó para poner a Lodeiro en busca de darle mejor manejo a la pelota. Tanto el técnico como el juvenil fracasaron en el intento. Además, debió haber salido Bertolo.
¿Por qué lo perdió Nacional el partido? Por sus errores defensivos, no sólo achacables a la última línea, sino al mediocampo, carente de contención ante el despliegue y prolijidad de Paleso y al desborde veloz y permanente de Marcelo Mansilla por derecha. Entre los dos hicieron estragos al sacar provecho de la lentitud tricolor para replegarse y de la falta de actitud. Nacional se relajó y así se hicieron realidad los mayores temores del cuerpo técnico, que algo había olfateado entre semana.
Miramar dominó, jugó mejor y generó gran cantidad de situaciones de gol en base a prolijidad. Nacional, en cambio, fue pelotazo para que el "Chengue" la bajara, individualismo con el balón a ras del piso y remates desesperados desde fuera del área.
El cebrita, vestido de rojo y negro como lo estará Flamengo el miércoles, encendió la luz de alarma en el Parque Central.
La estrella
M. MANSILLA. Hizo jugar al equipo, sacudió el travesaño de un pelotazo, desbordó, hizo lujos y generó la jugada del segundo gol.