EDWARD PIÑÓN
El "Chengue" metió como un caballo. "OJ" fue un pulpo. El "Tuna" defendió la pelota como un titán. Bertolo metió un cambio de ritmo que acalambró. Cardacio y Arismendi fueron dos trituradoras que destruyeron todo lo que pasó cerca suyo. Victorino fue el hombre elástico del fondo. Viera demostró que tiene imán en las manos. A la hora de correr y marcar fueron como los tres mosqueteros, por aquello de todos para uno y uno para todos.
Con muchos atributos, especialmente los que robustecen la imagen de equipo, porque si hay algo que identifica a este Nacional es la apuesta a lo colectivo, el conjunto de Gerardo Pelusso consiguió una gran victoria ante Flamengo y demostró que está para afrontar con mucha fuerza el gran desafío de la Copa Santander Libertadores.
Es que jugando así, con hombres que no resignan ninguna pelota, que son capaces de ir a encimar a un rival aunque se encuentren con dos hombres de más y con una ventaja muy amplia en el marcador, no cabe otra que concluir que este proyecto es cosa seria. Y si es verdad que a Nacional lo hace grande su gente, no hay duda que a este equipo lo hacen grande los jugadores.
Flamengo sufrió con la presión que realizaron los tricolores desde el primer minuto y aunque el partido estaba muy parejo y recién pudo comenzar a abrirse cuando aparecieron las tarjetas rojas (muy justas por cierto), quedó bien claro que Nacional era el dueño de la cancha.
Si antes del gol del héroe de la noche (entiéndase Richard Morales), el panorama ya era alentador porque el argentino Bertolo desniveló por la izquierda, porque Cardacio, Óscar Morales y Arismendi copaban con firmeza el mediocampo y porque Fornaroli y el "Chengue" robaron una infinidad de balones en la puerta del área de Flamengo.
Nacional quiso siempre. No se inquietó cuando Ibson manejó con tremenda clase el balón porque cubrió con destreza los caminos para que Leo Moura y Juan jugaran como saben.
Acaso alguna mala salida de Barone por querer anticipar le abrió alguna brecha a la defensa, pero después fue siempre sólido. Siempre parejo. Y, lo que es mejor, muy dinámico y veloz. No hubo abuso de traslado, se buscó siempre al compañero mejor ubicado y se buscó el arco.
Ese fue, por otra parte, el primer elemento que permitió comenzar a adueñarse del partido, porque un remate de Romero mal rechazado por Bruno posibilitó el 1-0 cuando quedaba poco en el primer tiempo.
Después, la bobada de los brasileños y el buen arbitraje permitió que el partido fuera totalmente del tricolor. Que, no hay que dejar de reconocerlo, no desaprovechó la oportunidad de meterle una goleada a un equipo brasileño.
Y hasta en eso, Nacional se mostró consustanciado con el objetivo. Si sigue así, es cosa seria.