JOSÉ MASTANDREA
"Fue la experiencia más fuerte que me tocó vivir", dijo con una sonrisa de oreja a oreja en el vestuario de Peñarol.
Gonzalo Salgueiro (21 años, 1.90 y 82 kilos) salvó el debut con nota en una tarde que empezó tranquila pero terminó más movida de lo que imaginó.
Su primera intervención fue con el pie. Sacó una falta fuera del área a los 4 minutos de juego. Buscó a José Franco por alto.
El primer tiro al arco se dio tres minutos más tarde. Fue en un tiro libre de Gastón Machado. Sacó la pelota al córner con una mano. Estaba bien parado junto al caño derecho de su arco. La pelota no era difícil pero tampoco sencilla. "Creo que fue la más difícil por ser la primera... para mí fue fundamental", confió más tarde.
Después descolgó la pelota que llegó de ese tiro de esquina sin problemas y sacó con el pie.
A los 18` titubeó en una pelota que llegó al medio del área. Darío la mandó al córner.
A los 25 minutos embolsó un cabezazo junto al primer palo. No dio rebote. Sacó con la mano sobre el lateral.
En el complemento tuvo más trabajo. A los 3 minutos atajó en dos tiempos un fuerte cabezazo de Difiori. Rechazó la pelota y después fue sobre ella.
A los 10 contuvo otro cabezazo a boca de jarro pero tres minutos más tarde, se apuró en un saque de arco con el pie. Le pegó mal, la recibió Gonzalo Porras en el mediocampo y le pegó de primera. La pelota entró junto al caño izquierdo. Fue el primer gol de Juventud.
Sus mejores atajadas llegaron sobre el final. Una ante Gastón Machado cuando tapó el disparo y envió la pelota al córner y un cabezazo de Ricardo Möller que se colaba abajo, junto al caño izquierdo y la sacó justo.
En el segundo gol, sólo atinó a mirar el cabezazo de Porras. Estuvo desprotegido por los zagueros.
Lo del principio. Salvó el debut con nota. Le falta experiencia, madurez, pero el arco ya es suyo.
El saludo: a los hinchas
Cumplió el ritual de todos los futbolistas. Apenas llegó a la Tribuna Ámsterdam, se dio vuelta, levantó los brazos y saludó a la hinchada que lo recibió con cálido aplauso. Fue el bautismo grande.
La atajada: en dos tiempos
A los 48 minutos, un cabezazo de Difiori lo tomó por sorpresa pero respondió acertadamente. Rechazó la pelota y después se lanzó a buscar su propio rebote en el corazón del área chica.
La voz: ordenó a todos
Tanto en el primer tiempo como en el segundo, se lo escuchó alentar, ordenar y gritar a sus compañeros de defensa. "Creo que es una de mis virtudes", dijo después en el camarín aurinegro.