Real Madrid venció al Atlético 2 a 0

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AFP

Madrid - El Atlético de Madrid no fue capaz de dar un vuelco a la historia reciente, que volvió a repetirse en el Vicente Calderón, donde el Real Madrid logró su vigésimo octavo triunfo de Liga.

Desde 1999 no saben los rojiblancos lo que es vencer al eterno rival de la ciudad en su feudo, aunque ese mismo año, unos meses después, el Atlético volvió a vencer en el Bernabéu.

Desde entonces, han transcurrido nueve temporadas. Demasiado tiempo sin saborear las mieles del triunfo más deseado por la sufrida afición del Manzanares.

Parecía que esta vez lo tenía todo el Atlético para regalar una alegría a los hinchas. Tercero en la tabla y con un plantilla bien diseñada en el verano, se preparaban los de Aguirre para pegar un puñetazo en la mesa en forma de victoria ante el Real.

De nuevo el público engalanó la grada y vistió la tarde como la ocasión se merecía, pero la historia se repitió una vez más.

No tardó ni un minuto el Real Madrid en echar un jarro de agua helada sobre un abarrotado estadio. Raúl, auténtica "bestia negra" de su ex equipo, aprovechó un horrible error de Pablo Ibañez para hacer el 0-1 y su vigesimotercer tanto a los rojiblancos.

Se aprovechó el Real del pánico que sintieron en sus piernas los defensas del Atlético. Ni Pablo, ni Luis Amaranto Perea, ni Fabiano Eller estuvieron a la altura de un partido de estas características.

Pero también sacaron fruto los blancos de la suerte que alimenta muchos de sus éxitos. El Atlético pudo empatar en la primera parte, pero los palos en dos ocasiones e Iker Casillas en otras dos lo impidieron.

Y como dice el tópico, el que perdona la paga y lo hizo el Atlético al filo del descanso cuando Van Nistelrooy sentenció en otro tremendo fallo de la retaguardia rojiblanca.

Dos regalos, dos goles y duelo sentenciado. La segunda parte sobró. El Atlético ya no tenía fuerzas para voltear una situación irreversible y el Madrid dejó pasar los minutos al tran tran sin sufrir más de la cuenta.

Un encuentro más, la afición se marchó del Calderón lamentando las ocasiones perdidas y maldiciendo la fortuna del enemigo. Al Atlético le perdió la ansiedad y sucumbió ante un rival mejor posicionado sobre el terreno de juego, con más temple y más convencido de sus posibilidades.

El mexicano Javier Aguirre deberá ejercer de psicólogo para convencer a sus jugadores de que no es una falacia derrotar al rival de la capital. Para ello, hay que olvidarse de la historia, de la estadística, abstraerse de los comentarios previos al partido y saltar al campo con el pulso sereno, sin miedos.

La afición rojiblanca deberá beber un sorbo más de paciencia y armarse de ella para lidiar durante la semana con lo que se avecina. Los hinchas se pasaron los últimos minutos coreando el himno de su equipo. Mañana serán más rojiblancos que nunca y presumirán de ello. Sin duda, es el gran patrimonio del Atlético de Madrid.

EFE.

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