Dr. Raúl Cepellini Olmos

LEONARDO GUZMÁN

En el sepelio del Dr. Raúl Cepellini Olmos ocurrió un hecho relevante para el orden público.

Médico noble y estudioso, Profesor de Urología, movía a Cepellini un altísimo estro en la ciencia-arte que practicaba y la llaneza de la amistad que entregaba. A despedirlo acudió legión.

Funeral laico, ante el féretro se irguió la madre de Raúl. Alzó su voz de 92 años para pedir a Dios que reciba a "este hombre" y rezar: a quienes oraban y a quienes no, nos guió, juntos, al recogimiento y al vuelo del alma.

La señora Mirta Olmos de Cepellini preside la Escuela Nacional de Declamación Concepción Antonelli de Requesens. En la tragedia, asumió impartir lección suprema: afirmar convicciones, no callar esencias y cumplir un deber de conciencia en los límites de la vida.

¿Actitud de católica? Sí. Pero no sólo en el sentido confesional sino en el sentido en que "católico" significa universal, ya que si hay algo universal es la esencia de la persona -y de eso se trató. ¿Cosa "de cada uno"? ¿Subjetividad a callar? No. Cuestión de orden público espiritual, como decía Carlos Benvenuto, porque es con esa clase de arcilla que esculpe el ser humano su real libertad.

No todo es adaptación social. El espíritu crea porque no todo es herencia ni todo es determinismo. Y porque es así, la libertad no se edifica amontonando gente que carezca de convicciones o que acalle las que abrigue para no molestar ni jugarse. Se edifica oyéndonos unos a otros, completándonos a medida que ahondamos la comprensión y buscamos respuestas en cimas más altas.

Acostumbramos a entender la libertad como vehículo de expresión política. Olvidamos que la libertad nació mucho antes que se armasen los partidos desde el modelo francés de izquierda y derecha -fines del siglo XVIII- y también antes que empezaran a acuñarse los modernos Estados nacionales, siglo XV. Ya en Aristóteles la libertad era albedrío organizante; y antes aun, con Sócrates era parto de ideas que buscaban la verdad; y mucho antes, en la prehistoria, empezó a abrirse camino desde el pitecantropus cuando fue aprendiendo a hacer fuego o refugiarse en cavernas.

Por lo cual, "la libertad civil y religiosa" -Instrucciones del Año XIII- no es concedida por "el sistema". Nace con la persona, cuya esencia sitúa el art. 72 de nuestra Constitución mucho antes que su propia letra. Es anterior a la política.

¿Acto poético? En un sentido sí: es la poesía -poiesis: creación- tornándose mandato, conciencia de deberes mayores, afirmación de intuiciones frente a la fatalidad. Es no quedarse en la "toma de conciencia" como mera aprehensión de la realidad que ES; es, a partir del hecho crudo, segregar lo que SE DEBE HACER.

Desde los estoicos, pasando por Corneille, Kant y Schiller, llegando a Frankl, la libertad es la anti-resignación. Desgraciadamente, a lo largo del siglo XX, al aplicar a lo cultural y anímico métodos sólo descriptivos, nos hemos habituado a no valorar, encuestando y justificando los conflictos en vez de resolverlos, callando los valores en vez de defenderlos y ahogando la sed de ascenso en vez de buscar luz. Así, hecho el campo orégano para el relativismo, la perplejidad, la desesperación y la violencia, después se le pide a los Juzgados de Rondeau que ordenen las cosas que se nos desordenaron en las almas.

Por eso, en la anemia espiritual de hoy, por encima de las diferencias de fe, lecciones como ésta, pronunciada en la frontera de lo eterno, ¡vaya si siembra esperanza!

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