DIEGO PÉREZ
Los rumores están paseando al delantero de Racing, Sebastián Balsas, de un lado a otro. Que se va para Brasil, que se queda, pero cambia de equipo, en fin... Lo cierto es que la vida -y sus caprichosas vueltas- ha sido la encargada de pasearlo, cerrándole algunas puertas y abriéndole muchas más. Además, Balsas ha tenido esa cuota de buena suerte que necesita todo campeón.
Tiene 21 años y muchos kilómetros recorridos. Literalmente. El espigado delantero es de los que más festejó el título en el Apertura. "Cuando me desperté al otro día, me di cuenta que no había sido un sueño y me emocioné", asumió. Y es fácil creerle. Durante la charla la emoción lo invadió en reiteradas oportunidades. Sobre todo, cuando hablaba de sus padres, de su mellizo Germán, de sus hermanas y de su novia Leyre. "Soy un tipo muy familiero". La aclaración fue una redundancia.
"Tenerlos a ellos a miles de kilómetros se hace difícil, pero mi familia acá y también toda la gente de Racing han sabido contenerme", afirmó antes de contar su historia, bastante particular.
A los 15 años, la vida le sonreía. Iba bien con el estudio y estaba en la Séptima de Nacional. Todo estaba en su lugar, pero de golpe se dio de frente contra la realidad. "Mi padre vio venir la crisis, así que sugirió que nos fuéramos a España. Acá nunca nos faltó nada, pero él terminó trabajando 16 horas por día en su bar". La propuesta de Daniel a Sebastián no le agradó, pero hubo un momento que "lo marcó". Con la mirada hacia el piso, recordó la cara amargada de su padre en el bar vacío. "Y ahí le dije que sí, que nos íbamos". Una decisión tan madura como dolorosa "porque hasta ahí fui el niño más feliz".
En 2001 terminó en Europa. Y no por motivos futbolísticos, como siempre ha soñado, sino apoyando a su padre, que consiguió trabajo y de a poco se fue afirmando. Alquilaron un apartamento y a los seis meses mandaron los pasajes para el resto. "Fue muy duro ese tiempo. No estaba de ánimo para conocer gente, así que esperaba todo el día que mi padre llegara para jugar a las cartas, ese era mi único momento de diversión".
Pero ya con la familia, amigos, trabajo y novia, en 2005 volvió a Uruguay. Vino en familia y antes de irse jugó un partido de fútbol 5 que cambió, otra vez, el rumbo de su vida. En el equipo de enfrente estaba Gustavo Nikitiuk, empresario que le ofreció quedarse a probar suerte. Y así lo hizo. Su familia se fue de vuelta a España, mas él se quedó.
Estuvo en la tercera de Liverpool pero le costó ponerse en forma. "Pesaba 74 kilos y no me despegaba más de 30 centímetros del piso. Hoy peso 90 y mi físico cambió". Con pocas chances en Liverpool y muchas ganas de volver a España, una puerta se le abrió en Miramar. Entrenó todo el semestre con el plantel de Primera, pero no jugó. "En julio me llamaron para avisarme que no iban a tenerme en cuenta. Fue un golpe muy duro, pero por suerte Leyre estaba de visita y me hizo ver que la tercera sería la vencida". Y lo fue. Llegó a Racing y jugó 14 de los 15 partidos, marcando cuatro goles. Su nombre, ahora, está en el tapete.
La suerte hizo que sus padres llegaran al debut en Racing
Balsas cuenta con orgullo que sus padres estuvieron en cada uno de sus debuts futbolísticos. Lo hicieron cuando arrancó en el Sagrada Familia a los 5 años, cuando jugó en las selecciones de su generación, en las inferiores de Nacional, en las de Zaragoza y en el Oliver, equipo regional de España. Esta vez, Daniel y Elena llegarían de Europa para la segunda fecha del Apertura, pero el destino quiso que la primera se suspendiera. Así, disfrutaron del debut en Primera de su hijo. Sebastián fue titular ante Boston River y marcó el primer gol de una campaña que quedará en su memoria, con 10 victorias consecutivas.
Intimidades
Una pared llena de recuerdos
En su dormitorio en la casa de sus tíos tiene una pared llena de fotos de sus familiares y amigos en España. "Hecho mucho en falta a mi mellizo, Germán. No sólo es mi hermano, ha sido mi mejor amigo".
Cuando la unión hace la fuerza
No ahorró elogios para hablar de sus compañeros en Racing. "La unión fue la clave. Por ejemplo, pese a las siete horas de viaje hasta Cerro Largo, nadie se quiso quedar y fueron hasta los lesionados".
Le dicen que no sea tan bueno
Algunos compañeros le han dado un consejo: "No seas tan bueno". Pero Balsas no puede con su condición. Siempre se muestra abierto y muy cordial. No para de hablar de sus padres, de su novia y de Racing.