EDWARD PIÑÓN
Son lo que son y por algo no están en la pelea del campeonato. El clásico, que terminó empatado en un tanto por bando, fue el más puro reflejo de la pobreza futbolística que Nacional y Peñarol tienen en la actualidad.
Y pensar que las hinchadas terminaron aplaudiendo a los jugadores. Es de suponer que lo hicieron porque no se fueron derrotados y hoy no tendrán que bancar las bromas de sus "arhirrivales", no por la exhibición que los futbolistas desplegaron en la cancha.
Si lo único que tuvo de clásico fue el momento que casi terminan a las trompadas. Antes de eso, ni siquiera tuvo tintes de duelo pasional o con valores históricos.
Acaso algún tranque de Oscar Javier Morales sobre Antonio Pacheco o alguna barrida de Marcelo Méndez sobre Bruno Fornaroli pudo tener un poquito de viejas pasiones futboleras.
El resto terrible. Con poca "vibra", como dicen ahora, y sin nada de fútbol. Pero nada en serio. Dos contragolpes de Peñarol y un desborde de Nacional en el primer tiempo. Pero con dos arqueros muertos de risa porque no hubo dinamita en los botines de los atacantes, ni siquiera la pólvora que tienen las bombas brasileñas que suelen lanzarse en las fiestas.
Terrible por todos lados. Ni fútbol a lo Matosas por el lado aurinegro, ni juego colectivo a lo Pelusso por el tricolor.
Fue como si ambos se jugaran más al error del oponente que a la imposición por una virtud propia.
Y el error estuvo, aunque en este caso del lado del juez, porque Julio Mozzo le metió un tremendo codazo a Diego Perrone en el área que debió ser sancionado con penal. Pero Olivier Viera no lo vio y no hubo cambio en el marcador.
Después, Nacional no supo ni siquiera sacarle provecho a la enorme diferencia que obtuvo Richard Morales en el juego aéreo. El "Chengue" fue un tormento en la azotea, pero cada pelota que ganó contra Manrique no terminó siendo productiva porque Fornaroli se tropezó, se enredó o perdió contra Méndez.
Peñarol, por su parte, lució algo mejor cuando salió en contragolpe, pero a Paulo Pezzolano le faltó serenidad para definir o al "Tony" Pacheco se le fue un poco la fuerza para meter el centro al segundo palo.
Y si el primer tiempo fue un verdadero desastre, ni que hablar de lo que regalaron los jugadores en la segunda mitad. Con las piernas más cansadas, la cosa vino peor.
Además, Pelusso y Matosas se conformaron con lo que vieron y no modificaron para nada a los equipos. Entonces, no había forma de vislumbrar una mejoría.
El partido era tan malo, que en los primeros minutos de la segunda parte ya podía esperarse la modificación del trámite por algo fortuito, por una jugada de pelota quieta o por un error grueso.
Vino por el de pelota quieta, falta de Barone al "Piojo" Pérez en el área, Viera lo vio y tiro del punto penal para Pacheco. El "Tony" remató bien y aunque Viera voló a ese palo, el carbonero sacó una ventaja mínima que podía juzgarse como letal.
Es que sin el fútbol de Ligüera, con escasa proyección de Caballero y con casi nula participación de Pereyra y Romero por izquierda, a Nacional solamente lo podía salvar de la derrota clásica otra situación insólita o diferente, pero nada surgido de la creación.
Por suerte para los tricolores también llegó, como consecuencia del cabezazo de Mauricio Victorino para Richard Morales y la distracción de Juan Castillo. El arquero salió mal y tarde, por lo que el "Chengue" pudo sacar a luz su festejo de gorila.
El 1-1 cuando faltaban once minutos para el final, cambió la alegría de las tribunas, pero no desencadenó ninguna otra cosa.
Porque la pobreza del juego siguió siendo lo más relevante del clásico. Y eso que el "Chengue" tuvo un cabezazo que pasó cerca y que después vino un amague de batalla campal.
Cuando Viera dio por finalizado el duelo, quedó la sensación de que el clásico fue uno de los peores que se recuerden. Y la lectura es sencilla: no hubo jugadas lujosas, le faltaron emociones, los arqueros fueron casi meros espectadores y por momentos pareció ser un partido más, común.
Tanto que lo único que valió la pena ver fue el duelo entre las hinchadas. Por el color, por los globos, por el humo de colores y por la forma en la que cantaron.
Por lo que pasó en la cancha no. Porque fue un espanto.
Las cifras
2 rojas sacó Olivier Viera: una para Richard Morales y otra para Matías Manrique.
6 clásicos suma ya Peñarol sin derrotas ante Nacional por el Uruguayo. La última fue en el 2004.