El País en Brasil - Jorge Savia
Parafraseando aquella canción que interpretaban "Los Olimareños", que más de 30 años atrás decían que "de todas partes llegan, los orientales", en este caso hasta por la propia ubicación del Morumbí en la escarpada geografía de esa parte de la ciudad de San Pablo, al punto que el estadio parece estar en el amplio fondo de una olla hacia la que convergen varias avenidas de sinuoso y arbolado recorrido prácticamente tapadas de ómnibus y autos, en el atardecer del miércoles habría que haber cantado que "de todas partes llegan, los `bayanos`.
"¡Oleleeé, Brasil! ¡Oleleeé, Brasil!". Oleadas de `bayanos`, llegando al estadio. Esa era la escenografía externa del partido que jugó anoche la selección dirigida por el maestro Tabárez, aunque tal vez esa -la del fervor de la `torcida` que llegó anhelante de una victoria que hacía seis años Brasil no conseguía ante los uruguayos- era una de las pocas señales de que el encuentro se relacionaba con la disputa del Mundial de Sudáfrica.
El otro indicador en ese sentido, si acaso, era la casi certeza de que en la hipótesis de que Brasil no ganara, al más alto nivel de la Confederación Brasileña de Fútbol se manejaba como un secreto a voces que Dunga pasaría a dirigir la selección olímpica y en agosto, tras la finalización de la Eurocopa y, por lo tanto, su contrato con Portugal, se produciría el regreso de Scolari a la dirección técnica de la mayor, sobre todo porque el entrenador está enojado con los portugueses, ya que le impusieron una multa interna cuatro veces mayor a la que le hizo pagar la UEFA por el cachetazo que hace poco le pegó al serbio Dragutinovic en el transcurso de un partido por las eliminatorias del mencionado campeonato que se hará en Austria y Suiza el próximo año.
Todo lo demás, a partir de ayer, era y es "Mundial 2014", que ya la FIFA le concedió a Brasil, y que éste lo hace notar como en el caso de las acreditaciones que lucieron los periodistas locales, uruguayos, argentinos, españoles, portugueses e italianos que llegaron para cubrir todo lo relativo a uno de los clásicos del fútbol sudamericano, en las que se podía leer: "Brasil 2014. La Copa è nossa (nuestra)", con un logo ya hecho del campeonato.
Faltan seis años y medio, pero oficialmente desde ayer, los brasileños ya lo están jugando. Por eso, por ejemplo, además de razones de seguridad, para evitar enfrentamientos entre los hinchas de los distintos clubes locales, las autoridades gubernamentales pedían a través de todos los medios de comunicación, que la gente fuera al Morumbí enfundada solamente en camisetas de Brasil y no de los equipos de los que son parciales.
Otro detalle no menos importante: con excepción de las tribunas, que todavía siguen pintadas de rojo, negro y blanco, que son los colores tradicionales del Sao Paulo, el resto del Morumbí fue "nacionalizado": se invirtieron 300.000 dólares para realizar la modernización exigida por la FIFA en las zonas de vestuarios, la poderosa entidad paulista recibió 400.000 reales por el alquiler del estadio, pero ya se pintó el césped del espacio que queda detrás de uno de los dos arcos de verde, azul y amarillo, mientras que a lo largo de la pared delantera de la bandeja superior del Morumbí se izaron enormes globos alusivos a cada una de las ciudades que serán sede del Mundial que se jugará dentro de menos de siete años.
"¡Oleleeeé, Brasil! ¡Oleleeeé, Brasil!". Sí, de todas partes llegan los `bayanos`. Sabiendo que en el próximo Mundial, como siempre, no les van a poner falta. Cantan y gritan con pomposo y bullanguero orgullo brasileño por el Mundial del 2014 que tendrán en su casa.
Del de Sudáfrica, si acaso, lo único que les importa es ganar, más que por las Eliminatorias, por estos "malditos" uruguayos a los que, ya muy lejos de Maracaná, la historia -o lo que para ellos es una vieja maldición- hacía seis años que no les ganaban.
Las cifras
7 Años restan para que Brasil sea sede del Mundial de Fútbol 2014. Pero ya se vive en los brasileños.
6 Años pasaron de la última victoria de Brasil ante los celeste por las Eliminatorias mundialistas.