Hoy es un día de fiesta para nuestra casa. Su cumple el último de los años de la octava década de ininterrumpida vida de "El País" al servicio de la República.
Nacido, como es de notoriedad, del impulso juvenil de tres soldados de la causa nacionalista -los Dres. Leonel Aguirre, Eduardo Rodríguez Larreta y Washington Beltrán- al poco tiempo de haber marcado su presencia en el entonces frondoso círculo de la prensa nacional, sufrió una pérdida irreparable que le marcó un destino inexorable.
La sangre de Beltrán, caído en el campo del honor por avatares de la vida política, quedó impregnada para siempre como símbolo de gloria en cada una de sus ediciones y de sus páginas.
Luego, advino el invalorable aporte que cubrió las exigencias de una administración especializada llevada con mano firme y visión certera, el que lo vino a proporcionar el Cr. Carlos Scheck.
Desde entonces, y fueron muchos años, El País creció en una doble condición.
Como medio de prensa cuyas páginas editoriales en toda su trayectoria sirvieron al Partido Nacional, al punto que desde ellas y con su gente se gestó la unidad de la colectividad que precedió el clamoroso triunfo de 1958, y paralelamente, en la formación de una empresa periodística cuyo prestigio es reconocido a escala universal.
Es tiempo de reflexión, de alegría y de trabajo. De reflexión para sentir en el corazón de todos, administración, dirección, periodistas y demás colaboradores, el sentido homenaje a los tres fundadores y al hombre que los acompañó en el manejo empresarial del diario, así como a todos aquellos que les sucedieron en las tareas de conducción.
De alegría, para hacer posible que todos podamos brindar, exteriorizando nuestro legítimo orgullo del pasado y del presente.
Y de trabajo, para comenzar a preparar a partir de la próxima y ya inminente década de los noventa años, el primero de los centenarios de esta fecunda trayectoria que permitieron los que nos han marcado el rumbo, y que nos obliga hoy a nosotros, como mañana lo hará con quienes nos sucedan en ella.