Un par de refrescos fue el precio por ver a Perú

Mérida ENVIADO

Trepados a un muro, con las piernas colgadas hacia uno y otro lado. Tratando de hacer equilibrio, de no sufrir mareos porque hacia un costado la distancia al piso advertía que no había lugar para una segunda oportunidad, procurando no perder los materiales de trabajo, de visualizar lo mejor posible las tareas de Uruguay y evitando que el nido de avispas dejara secuelas en el cuerpo. Así los enviados de Ovación, periodista y fotógrafo, cumplieron con su tarea.

La historia de la búsqueda del mejor punto para sortear las paredes del Estadio "Soto Rosa", para zafar de las barreras policiales y conseguir así los principales aspectos informativos de la selección peruana demandó unos diez minutos.

Tras comprobar que la zona que había sido utilizada por Ovación y los periodistas peruanos para vulnerar las puertas cerradas de Julio César Uribe ya no era accesible, porque las rejas del terreno aledaño al escenario tenían candado, surgió la idea de encontrar una casa de dos o tres pisos para desde su techo tener una buena visión.

El edificio casi en ruinas y que está habitado por varias familias se presentó como el mejor para cumplir el objetivo. La recomendación la hizo un niño merideño, quien indicó que desde ahí mucha gente ve los partidos de fútbol de Estudiantes de Mérida.

La señora que ofició de anfitriona dijo sentirse a gusto de colaborar con los periodistas y un hijo suyo mostró el camino y los pasos que había que dar para trepar al muro más alto, desde el cual la visión iba a ser la mejor.

Después de cinco minutos, lo que se había presentado como una colaboración dejó de serlo. "Dice la señora que va a hacer unos mandados, que precisa ayuda para los refrescos". Además de tener que ser agradecido, la complexión física de la dama invitaba a no pasar por alto la demanda.

De todas formas, valió la pena pagar "el peaje" para los refrescos, se vio todo lo que Uribe hizo en la cancha.

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