La geografía céntrica se ha visto modificada con el levantamiento de una carpa protestataria en 18 de julio y Vázquez, frente a la sede del Instituto del Niño, atendida por sus propios dueños, el Sindicato de Trabajadores del INAU, donde ha podido verificarse el sentido de una frase muy en boga, comprobando a la vez la importante tarea de contralor que están cumpliendo algunas fuerzas gremiales, -también las hay complacientes-, como complemento de lo que antes estaba a cargo de las minorías políticas.
Meter la mano en la lata no es sólo llevarse dinero en efectivo de la Caja Chica o retirar de los Casinos Municipales unos millones atados con gomita. La meten también quienes pretenden hacerse atender gratis en los Hospitales; los que benefician a sus líneas genealógicas directas e indirectas, asignándoles la tarea de que sean ellos los que se lleven el dinero, e incluso quienes designan como funcionarios de su Ministerio al novio de la hija y a la madre del novio de la hija. Habría muchos más casos para citar de esa larga lista de beneficiarios que ya circula por todo el Uruguay y el extranjero. Lo que puede comprobarse visitando la Carpa del INAU es que, dentro de la acepción amplia de la expresión, también en esa Institución se está metiendo la mano en la lata. Lo hacen, según la denuncia de los propios funcionarios, a través de nuevas contrataciones siguiendo la práctica del clientelismo político -precisamente el F.A. que en esa "Biblia" que es su Programa de Acción, dijo que todos iban a ingresar por concurso-, asignando tareas en los distintos Centros de Reclusión por razones de favoritismo y no de necesidad, proliferando a la vez los cargos de confianza. En la época de los denostados partidos tradicionales, en que las mayorías gobernaban y las minorías controlaban, era posible detectar las irregularidades. Hoy, con un gobierno monopólico, exclusivista y sin posibilidades de verificación interna, la tarea de controlar la están asumiendo algunas fuerzas gremiales inteligentes, que, además son independientes, y, en otro ámbito, los representantes de las minorías en el Parlamento a través de los llamados a Sala y las interpelaciones. Son los únicos reductos que quedan.