JORGE SAVIA
Fue un clásico "light", aunque por eso mismo, porque se jugó con ganas, con ritmo, pero sin tensiones ni fricciones exageradas, tuvo pasajes -fundamentalmente el primer tiempo- relativamente agradables.
Lo ganó Peñarol 5-4 por la "injusticia penal" que , tras el empate 0 a 0 de los 90` reglamentarios, precisamente sentenció a Nacional, que había sido el equipo que jugó mejor y creó -aunque también desperdició, malogró- las situaciones más clara en ese lapso de los 45` iniciales donde el trámite se hizo más suelto, más "llegador" y más disfrutable.
Claro, los goles no se merecen, se hacen. Y esa es una de las razones por las que el juvenil conjunto tricolor anoche no se alzó con la victoria, sobre todo por el fútbol rápido, agil, vivaz, fundamentalmente de tres cuartos de cancha hacia adelante, a lo largo de la primera etapa. Pero, en ese marco, resaltó también el otro motivo determinante para que Peñarol, que con el ingreso de Mozzo por Arias al comenzar el complemento se paró algo mejor en la cancha, llegara sin mayores sobresaltos al final del encuentro forzando el empate: la gestión de Juan Castillo, que descolgó un montón de centros y hasta cambios de frente que cruzaron el área aurinegra algo lejos de su arco; que, aparte de los goles que se perdió Cauteruccio, tapó otros tantos tras jugadas iniciadas con limpieza con las subidad se Alejandro Rodríguez, maniobras hábiles de Oyarbide en el enganche y pases y llegadas protagonizadas por Delgado; y que, por si fuera poco, terminó atajando dos penales y medio -el de Godín lo contuvo y se le fue para adentro- en la serie desde los 12 pasos.
Fue algo más Nacional, en definitiva. Que sorprendió, entreveró y compicó a Peñarol con la movilidad que habitualmente le imprime Carreño a sus cuadros y que anoche desplegó la botijada que se animó a poner en bandada el ex técnico de Wanderers.
De esta forma, a Peñarol le costó afirmarse. Salir. Tocar. Y mucho menos llegar al área contraria, porque además Lemes no fue mucho al ataque y Vigneri jugó bastante como punta por la izquierda, a contramano de su habitual recurso de picar y desbordar por la derecha de su avance.
Con el ingreso de Mozzo el equipo de Gregorio Pérez se plantó un poco mejor pero igual careció de llegada, y también se benefició porque los juveniles tricolores se entraron a quedar sin piernas y no obligaron como en la primera etapa. Así, entonces, llegaron a la definición por penales, donde ganó Peñarol por el Castillo de la suerte. No por lo que atajó el arquero, sino porque Nacional mereció algo más por lo hecho en los 90` reglamentarios.
La estrella
CASTILLO
Además de haber atajado dos penales, en los 90 ganó dos mano a mano