SILVIA PÉREZ
- ¿Cómo surge la idea de convertirte empresario?
- No es algo que haya sucedido en determinado momento, ya cuando éramos jugadores, con Gustavo (Méndez) siempre hablábamos de las necesidades de los futbolistas. Luego, cuando dejé de jugar hice un curso de técnico, pero no tenía claro si quería ser entrenador. Sólo sabía que quería aprovechar de alguna manera lo que había sido mi carrera. Ahora sé que no voy a ser técnico. Este medio es muy injusto con los técnicos. Te exigen como si estuvieras en el Manchester United, pero la mayoría de las veces carecés de la infraestructura necesaria para poder cumplir con tu trabajo. Y si perdés no sólo dicen que sos mal técnico sino que hasta llegan a decir que sos mala persona. No sé si me hubiera bancado todo eso.
- ¿Cuándo empezaron con esto?
- Hace cuatro meses, recién estamos implementando todo. Queremos volver a las raíces. La cabeza del jugador ha cambiado mucho. Son diferentes a los de nuestra época y parece que sólo les importara el dinero. Ellos, sus padres y sus familias, son diferentes. Hoy juegan tres partidos en un grande y se creen Maradona, pero cuando cruzás la frontera, te enfrentás a la realidad. Te das cuenta que no es así. Acá estamos muy lejos. Nosotros queremos que el jugador aspire a la gloria. A la gloria de jugar en un grande y en la selección, lo otro viene solo.
- ¿Pero cómo se consigue cambiarle la cabeza a los jugadores?
- Con el día a día. Hablándoles, explicándoles y poniéndoles ejemplos. Siempre recalcamos la importancia que tiene la mente, la cabeza. Y ponemos de ejemplo a Paolo Montero, pero no porque sea amigo nuestro. No se llega a jugar diez años en Juventus por casualidad. De repente había otros que tenían sus mismas condiciones, la diferencia era su cabeza. Esa es la diferencia entre un jugador clase A y el resto. Les decimos que seguramente no van a tener el nivel de Zidane, pero tienen que esforzarse para acercarse lo más posible a él. Contamos con un equipo interdisciplinario que los ayudará a llegar de la mejor manera física y profesionalmente. Zidane no se come cuatro hamburguesas. Come como un clase A, se cuida como un clase A y piensa como un clase A. La cabeza es todo.
- ¿Cómo comenzaron?
- Nos basamos en gente amiga y en contactos que tenemos tanto aquí como en el exterior. Comenzamos con nuestros amigos y desde ese lugar queremos trabajar. Lo nuestro no es el negocio en sí. Apuntamos a la formación integral del jugador y que esto sea una plataforma para muchas otras cosas. No queremos olvidarnos nunca que el gran protagonista es el jugador.
- Y ese protagonista, ¿participa de las decisiones sobre su vida?
- Participa y puede no estar de acuerdo. No es posible que el jugador esté ausente en las decisiones sobre su vida y su futuro. Lo nuestro es todo consensuado y el jugador está siempre al tanto de las negociaciones. El momento de un pase es de muchos nervios e incertidumbre y más con las cosas que se manejan en la prensa, la radio y la televisión, que a veces no corresponden a la realidad.
- ¿Cómo trabajan con los futbolistas juveniles?
- Constantemente nos llaman a decirnos que hay un jugador así o asá. Lo vemos y hablamos con sus padres. Les explicamos nuestra idea. Lo nuestro pasa por acompañar y formar al jugador desde otro lugar. Y liberarlo de las presiones que viven desde muy jóvenes. Queremos protegerlos para que puedan disfrutar. Con responsabilidad, pero sin olvidarse del disfrute de jugar. No visualizamos al jugador como un negocio, sino como un ser humano.
- ¿Se le firma un contrato?
- Sí, pero no es por un valor económico, sino para generar un marco de seriedad y responsabilidad de las dos partes. Nos pasó que un jugador, a los dos meses nos dijo que tenía otra oferta y que quería romper el contrato. Le dijimos que no había problema y lo rompimos. Luego lo otro no le salió y quiso volver, pero ya no era lo mismo. Algo se había roto y no había confianza. El contrato no es para atar a nadie, pero se basa en la confianza mutua.
- El enriquecimiento de los empresarios ha llevado al empobrecimiento de los clubes y por ende del fútbol uruguayo, ¿cómo se soluciona?
- Lidiamos y vamos a lidiar con gente que no está preparada, pero nuestra intención no es quedarnos con toda la ganancia, sino que los clubes puedan crecer. Como ha hecho Liverpool por ejemplo. Mi sueño no es enriquecerme, nunca lo fue, sino tener un proyecto con los jugadores y poder formarlos como personas para que cuando salgan al exterior estén mejor preparados.
- Las ideas parecen muy buenas, ¿pero no temen que el dinero y el poder puedan cambiarlos?
- Sabemos que esas cosas pueden influir negativamente, pero hicimos un pacto entre nosotros. Con Gustavo y con Fernando Silvera y el "Tío" (Carlos) Sánchez, que trabajan con nosotros. Si alguno ve que algo de eso le está pasando al otro, lo va a volver a la tierra. Creo que va a dar resultado. Si en cinco o diez años decido no dedicarme más a esto, quiero que sigan pensando lo mismo de mí: que soy un buen tipo. Como sucedió cuando jugaba. Podría hacerlo bien o mal, pero nadie puede decir que soy mala gente.
Pocos jugadores y una atención personalizada
Hoy manejan unos 15 futbolistas, seis de Primera y el resto juveniles. "Hay algo que tenemos claro, no vamos a trabajar con muchos jugadores. Queremos brindarles una atención personalizada, estar cerca, tener contacto con ellos. Y en los monopolios eso no es posible. Queremos tomar un café con ellos. Aconsejarlos y decirles si le están errando en algo. Y lo mismo esperamos de ellos. Porque recién estamos comenzando y pretendemos que nos digan lo que esperan de nosotros y si nos equivocamos en algo. Lo que esperan de nosotros o si creen que está faltando tal cosa de parte de la empresa. Nuestra relación con el futbolista es de igualdad, aunque ellos están dentro de la cancha y nosotros afuera. Nos pueden llamar a cualquier hora que siempre van a ser atendidos".
Nunca le dan plata ni le regalan un auto
"Nunca le damos plata a los jugadores. Les damos viáticos, zapatos, ropa deportiva, canastas de alimentos si lo necesitan, y les costeamos los estudios, pero dinero no. Estamos siempre detrás, pero el esfuerzo es de ellos. ¿Regalarles un auto? ¡No!, que jueguen bien y ellos mismos se lo van a poder comprar. El jugador vive en una burbuja y muchas veces no tiene noción de lo que son 100 dólares. No tiene idea de que cuando deje de jugar, si no se preparó en una actividad paralela, va a tener que trabajar 15 horas por día para ganarlos. Les decimos que miren a su padre o a su madre que de repente tienen que trabajar todo el día para ganar 3.000 mil pesos. Queremos que partan de ese lugar. La idea es que estudien algo, cualquier cosa que les guste. Que se preparen para el futuro".