Eric Cantona, un diablo celestial

| El futbolista más temperamental, polémico y enigmático de los últimos tiempos

ROGER XURIACH

Cabeza rasurada, entrecejo poblado, mirada embarazosa y el cuello de la camiseta hirsuto, amenazante, custodiando un rostro de toscas dimensiones. Lejos de cuidar una melena sedosa u obsequiar con sonrisas a los objetivos de las cámaras -signo de identidad de otros ídolos venerados por Old Trafford como George Best o David Beckham-, Eric Cantona (22-05-66) entró en los corazones de los aficionados del Manchester United por derrochar el suyo en cada uno de los 182 partidos que vistió la camiseta de los `red devils`.

De perfil atípico dentro del mundo del fútbol, muy poco le importaba su imagen si no iba acompañada de la palabra victoria y nada le interesaba un partido en el momento que era sustituido. Perfeccionista, ambicioso, filosófico... Su leyenda no se forjó únicamente en los terrenos de juego; su carácter transgresor y enigmático posibilitó que dos corrientes circularan a su alrededor: la que lo elevaba a la categoría de genio y la que lo desterraba, irremisiblemente, al pozo de la enajenación mental. Ambas sólo coincidían en un punto: l`enfant terrible -como era apodado en Francia- era capaz de hacer cualquier cosa con el balón en los pies; su forma de entender el fútbol era única y muy apreciada por el espectador.

Diario de un rebelde. Dos ciudades marcaron la trayectoria personal y profesional de Cantona. La primera fue París, ciudad donde nació y de la que heredó ese gen bohemio a medio camino entre la rebeldía y la anarquía existencial; la segunda fue Marsella, localidad donde se crió.

Sus primeros pasos en el mundo del fútbol, sin embargo, los dio en el Auxerre, club que le permitió a los 21 años debutar con la selección nacional. Calidad le sobraba a ese muchacho arisco. Pronto se descubriría que también le sobraba temperamento... Ocurrió en un programa de televisión; Cantona insultó a Henri Michel, su seleccionador, y la Federación no tuvo más remedio que aplicarle una sanción de 12 meses sin poder vestir la camiseta nacional. Además, la ofensa a la patria le salió bien cara pues el Auxerre decidió prescindir de sus servicios.

Eric pasó cuatro años yendo de aquí para allá, del Marsella al Girondins, pasando por el Montpellier y acabando en el Nîmes. En este tiempo se peleó con compañeros, entrenadores, árbitros e integrantes de la Federación Francesa, con quien jamás comulgó por culpa de su ego (nunca aceptó que otras estrellas como Ginola o un jovencísimo Zidane le robaran protagonismo).

Pero su calidad solapaba cualquier atisbo de rebeldía y en ese período alzó dos Ligas y una Copa francesa. Con el país en contra, sin embargo, y una sanción de otros tres meses por indisciplina, Cantona sintió que su etapa como futbolista había terminado.

En diciembre de 1991, saltaba la bomba: Cantona anunciaba su retirada. "El fútbol es como una mujer; cuando no sabes qué decirle, es mejor dejarla", manifestó. Pero Platini aconsejó al francés que buscara otro lugar para reanudar su carrera y al cabo de tres meses se convertía en la flamante estrella del Leeds United.

En quince jornadas contribuyó a que su nuevo equipo arrebatara la Premier League al que sería su futuro club, el Manchester United. Sir Alex Ferguson vio que ese mediapunta espigado de 26 años debía ser el encargado de liderar a los `diablos rojos`. En Elland Road los cánticos no cesaban: "¡Ohh... Ahh... ¡Can-to-ná!".

Mientras Eric seguía haciendo diabluras con el Leeds, el Manchester paseaba errático por la que presumiblemente sería su vigésimo sexta campaña consecutiva sin ganar el campeonato nacional. "Demasiado tiempo", debió pensar Cantona cuando en el frío noviembre de 1992 confirmaba su fichaje por el ManU.

Transgresor en cada paso que daba, Eric acudió a la llamada de Ferguson, y alegando malestar en el club de West Yorkshire, decidió subir un nuevo peldaño en su ajetreada carrera: pasó de ser un ídolo en Leeds a convertirse en el héroe del Manchester.

Nada más llegar, la complicidad entre el jugador y la afición fue casi instantánea. En su primer partido contagió enseguida a sus compañeros con su ambición, pasión y determinación sobre el campo. Pallister, Irwin, Hugues, Ince, todos grandísimos jugadores, dieron el liderazgo el equipo a un Cantona que mandaba, se movía, gesticulaba y se convencía de que, con él en el campo, nada malo podía pasar. Con el `7` en la espalda, regalaba espuelas imposibles, pases inverosímiles y goles de una belleza extraordinaria.

No tardó, por su sacrificio y eficacia, en coronarse y autoproclamarse como Eric `the King`. Su legado empezó a crecer y a crecer a base de títulos.

El United había encontrado a un red devil en potencia, a un ángel caído del cielo que le devolvió la fe tras un cuarto de siglo sin conquistar el título nacional.

De profesión: artista. La hoja de servicios de Cantona en Inglaterra es extensa y variada: cuatro Ligas en cinco años -dos de ellas acompañadas por la Copa- y 80 goles para el recuerdo no hacen justicia a un hombre que se retiró sin levantar ningún cetro continental ni participar en un Mundial. Sin embargo, Eric fue capaz de rescatar a un equipo de sus cenizas y devolverlo a la élite continental.

Se divirtió en el fútbol porque lo consideraba un arte e hizo que le adoraran porque se sentía un genio. "Un artista es alguien capaz de iluminar una habitación oscura. No existen diferencias entre una jugada de Pelé y un poema de Rimbaud. Son dos manifestaciones del hombre capaces de eternizar un mismo sentimiento", comentó alguna vez.

Como todo artista, su vida está llena de acciones difícilmente asimilables por el ciudadano de a pie. Su temperamento sólo era equiparable a su talento y, por ello, se consideró siempre artista antes que futbolista. Ejemplo de este rudo, narcisista y problemático carácter fue la terrible patada que Cantona propinó a un aficionado en pleno partido.

En la rueda de prensa posterior a esta agresión no hubo atisbo alguno de arrepentimiento. Tan solo se sentó, tosió algo, y murmuró algunas pocas palabras sacadas de su lamentable inglés.

La frase sentó cátedra: "Cuando la gaviota sigue al pesquero es porque cree que las sardinas serán arrojadas al mar".

Colgadas las botas en 1997, las acciones del Manchester cayeron en picada.

Desde entonces, Cantona -al que también es habitual verle por Catalunya- vive en Marsella dedicando su vida al cine, a la publicidad y al fútbol-playa.

Nunca ha querido parar de cultivar su mente. "Trato de encontrar diferentes maneras de expresarme. Sin eso, moriría", manifestó cuando aún era jugador.

Sus películas seguirán navegando en la mediocridad y, con barba y más barriga, no le tiembla el pulso a la hora de promover el juego limpio desde Nike TV.

Pero para siempre quedará el recuerdo de aquel diablo que solía decir: `Au-Revoir`.

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