EDWARD PIÑÓN
Fue más sacrificada que la edición anterior, quizás por culpa del sol, algo del viento que hubo en la rambla y por la cantidad de agua que consumieron los muchachos que no escucharon el grito desesperado del que no quería perder pisada: "¡el último se gana un Mercedes!".
Sin embargo, pese a los obstáculos que aparecieron por el camino, debe quedar en claro que esta Nike 10K volvió a ser disfrutable y a lo mejor mucho más que la del 3 de diciembre de 2005.
Es que por encima de haberla corrido en familia, el entorno fue más entusiasmante. La gente que acompañó en todo el recorrido, que ayudó a no cesar en la búsqueda de la meta, que inyectó ánimo para que los pies no sufrieran el agobio del sol, hizo que la carrera fuera una fiesta de principio a fin.
Claro que hubo picos muy disfrutables, como el de los metros finales, cuando el canoso atleta vociferó: "¡vamos que ganamos todos"! O el del reparador y refrescante baño que los bomberos ofrecieron en dos puntos de la prueba. Nobleza obliga, eso merece un ¡muchas gracias! gigante.
Y si de sentimientos se trata, ninguno como el de ver a dos jóvenes ayudar a otro a levantarse para cruzar la meta. O ver caras conocidas al costado del camino, escuchar sus mensajes de aliento y sentirse por un momento, aunque sea por un momento, un atleta.
En definitiva, el esfuerzo valió la pena porque dejó más recompensas que secuelas y aunque las piernas apenas ayudan a sostenerse a poco de terminar de correr, lo que más se lamenta es que no habrá otra Nike10 K hasta el año que viene.