Desató un "Tornado" de sentimientos

| Fue el más ovaciondo antes de empezar y el que generó mayor locura tricolor en pleno partido

JOSE GALLO

Una hora de rezos, fútbol, discusiones, arenga, gol, locura, ovaciones y aplausos. Eso le dio Diego Alonso ayer a la hinchada tricolor en el Parque.

Empezó con los rezos de que la rodilla no se trabara (riesgo que se corre con el tipo de lesión que sufre el delantero). Sin embargo, tras los primeros 20`, el jugador ya había dado muestras de que sería otro partido que viviría al 100% de intensidad y sin miedo a lo que pudiera pasar.

La tarde siguió con fútbol. Allí no empezó muy bien. Absorbido por los zagueros intentó en vano luchar por arriba y por abajo, pero perdió más de lo que ganó.

Para agravar este problema Tejera no estaba en su mejor día y la pelota no le llegaba, más allá de que se moviera por todo el frente de ataque junto a Perrone.

Por eso empezó a jugar otro partido: el de las discusiones con el árbitro Baldassi. Primero porque no le cobraron un foul a favor, después por una falta en contra que sí le pitaron y por último protestando un offside. Así estuvo hasta que el juez argentino se le acercó y le habló.

Esas peleas parecieron traerlo de nuevo al partido y ahí se vio lo mejor del "Tornado".

A los 44` fue a buscar un centro rasante de Brítez y apareció de sorpresa por el segundo palo para definir de zurda, pero el palo le negó el gol en la jugada más clara del primer tiempo. El Parque se caía de incredulidad ante la mala suerte del "9", a quien le aplaudían cada intervención.

Sin embargo, ese remate al poste fue una luz amarilla, sólo un aviso de lo que ocurriría tras el entretiempo.

Apenas pisó nuevamente el terreno de juego empezó su juego con la tribuna. Pidió apoyo y alentó a cada uno de sus compañeros antes de que moviera el equipo brasileño. Ahora no perdía tanto con los zagueros, sus compañeros lo buscaban mejor y Nacional se acercaba con peligro.

Hasta que a los 56` llegó el clímax entre el goleador y la gente. Cambio de frente perfecto de Javier Delgado, desborde de Tejera, pase atrás y el viento del "Tornado que la empuja al gol.

Tras el gol, la locura. De la gente que veía el triunfo al alcance de la mano. De los jugadores que abrazaron al "9". De los suplentes que se volvieron locos. De Alonso, que no sabía ya a quien abrazar.

Por eso se dedicó a meter a la gente en el partido. Comenzó a mover los brazos, a pedir más apoyo y cantos y a hacer sentir la presión al equipo brasileño.

Allí vino el cambio. Iban exactamente 60` de partido cuando Lasarte mandó a la cancha a Gonzalo Castro por un Alonso muy desgastado físicamente. El "Tornado" recibió una ovación del público tricolor y en ese momento era todo fiesta. Nacional ganaba y daba un paso muy importante de cara a la revancha en Curitiba.

Después llegarían los goles de Pedro Oldoni y Marco Aurelio para dar vuelta el partido y el ánimo de la gente. Todo esto vio Alonso desde el banco de suplentes, con una campera de abrigo.

Habían pasado los rezos, el fútbol, las discusiones, la arenga, el gol, la locura, las ovaciones y los aplausos.

A esa altura Diego Alonso ya estaría pensando si la rodilla le dará la posibilidad de estar en el partido del miércoles.

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