TEXTOS: DANIEL ROSA | FOTOS: JULIO BARCELOS | ENVIADOS A ARGENTINA | EL PAIS
La explicación de por qué el capitán Marco Vanzini llegó hasta Salta aun descartado para jugar, era fácil de encontrar: su reconocida capacidad de liderazgo. Y ayer dio una nueva muestra de ello.
El plantel estaba convocado para que a la hora 19.45 estuviera en el hall del hotel Presidente, donde se aloja, para emprender el viaje hacia el estadio. Fue el primero que descendió del ascensor y se quedó frente a la puerta de ambos elevadores. En pequeños grupos fueron bajando sus compañeros, pero cuando pretendían seguir de largo rumbo al ómnibus 7100 de la compañía Flecha Bus, los paró.
El conjunto se fue agrandando hasta que estuvieron los 20 futbolistas. Entonces, luego de una pequeña arenga del capitán, dio la orden y todo el grupo salió en forma compacta a la calle para subir al transporte.
El espíritu con el cual Nacional debía encarar el partido era corporativo y fue Vanzini, el capitán tricolor, el que mejor lo entendió.
EL ARRIBO. El campeón uruguayo llegó al estadio a las 20.31 y el primero en bajar fue el profesor Fabián Moreno, en tanto Diego Alonso fue el último en descender. A esa altura el estadio ya estaba colmado en un 80%, porque los aficionados comenzaron a llegar desde muy temprano.
Las puertas se abrieron a las 19 y cuando ocurrió, ya había salteños enfundados en colores amarillo y azul esperando para entrar.
En forma lenta las tribunas comenzaron a poblarse. A las 19.45 se prendieron las luces. Unos minutos más tarde salió la terna arbitral a inspeccionar el campo de juego y cuando algunos silbidos comenzaban a bajar desde la tribuna Norte, gritos de euforia los taparon. ¿Qué pasó? En ese momento, a las 19.59, Jancarlos anotó en Curitiba el 1-0 para Atlético Paranaense frente a River y los que estaban en Salta con la radio contra la oreja lo celebraron.
Recién ocho minutos más tarde, la voz del estadio anunció que al término del primer tiempo perdía River. "Dale Boooca, dale Booo…", bajó desde la Norte.
Minutos después de llegar al estadio, los jugadores de Nacional se dirigieron al campo de juego. Los silbidos los delataron, pero instantes después llegó la ovación porque los futbolistas de Boca hicieron lo propio.
HINCHADA. Los poco más de 100 hinchas de Nacional, ubicados en el ángulo superior de la tribuna Sur contra la principal (Asterdam contra América), estuvieron custodiados por un cordón policial de unos 30 efectivos. La bandera con la inscripción "¡No manya no cry!" la colgaron contra la pared de fondo y fue la más visible.
Los de Boca seguían pendientes de la suerte de River. Por eso gritaron el segundo gol de Jancarlos y explotaron en un estruendoso grito cuando a las 21.11 la voz del estadio dijo: "River quedó eliminado de la Sudamericana". "Un minuto de silencio, para River que está muerto", entonaron los xeneizes, que entonces sí, quedaron prontos para vivir "su" fiesta.