Eduardo "Lalo" Fernandez
El 9 de julio del 2006 quedará no sólo como el día en que Italia ganó su cuarto título, sino como el del cierre del campeonato más espectacular que se haya visto.
El despliegue de luz y color fue de tal magnitud que hizo olvidar incluso los momentos culminantes del partido. Los fuegos de artificio con los colores de los finalistas, y la lluvia plateada caída desde lo alto de las tribunas y lanzada desde dispositivos especiales detrás del podio de los campeones, será difícil de olvidar. La euforia y alegría de los vencedores terminó con la formalidad y el protocolo, hasta el límite de opacar la figura de los personeros de la FIFA y el Comité Organizador, que disponían la entrega de los premios. Quedaron, por primera vez en la historia de los mundiales, por detrás de los deportistas. Casi ocultos. Toda una anécdota, como la forma en que se entregó la copa al campeón cuyos actores, en forma casi irreverente, besaban y hasta pusieron un sombrero con los colores de su bandera. Todo muy italiano chocando con la severidad de los alemanes, los que seguramente no saldrían de su asombro. El lugar que nos tocó no era el más cómodo, pero alcanzaba para ver y sacar conclusiones. Todo bien hasta que llegó el ocupante del asiento lindero: un gordo enorme cuyo trasero necesitaba su asiento y el mío, y que, como pudo, acomodó sus posaderas de tal manera que no tuve más remedio que "hacer piernita" durante todo el primer tiempo. ¡Cómo sería la incomodidad del obeso personaje, que optó por no volver a su lugar en el segundo tiempo!, lo que me permitió trabajar más cómodo. Y repasando el partido, nos queda la sensación amarga de ver a un jugador de excepción irse expulsado de la cancha como consecuencia de una reacción propia de un debutante. Sólo Zidane sabe lo que le pudo decir Materazzi, pero no debió reaccionar de esa forma. Debió irse del mundial y quizás de la selección de Francia, por decisión propia, de otra manera. Al Angel Azul se le quebró un ala. Fue una pena. No debió reaccionar. Era más importante el partido que su rival. Y el mundial se terminó. Fue tan poco, futbolísticamente hablando, que no quedará en el recuerdo más allá de la alegría de los italianos por su cuarto título. El fútbol necesita menos marketing y más fútbol, cosa nada sencilla y para muestra alcanza un botón. La SABS, Sud Africa Brodcasting System, ha comprado los derechos de Televisión, paga y gratuita, más los de radio, para todos los campeonatos de FIFA a partir del 2007 hasta el 2014, incluidos los Mundiales de mayores del 2010 y 2014, por 30 millones de dólares. Cómo se juega es lo de menos.