Alfredo Di Stéfano, George Best, Ian Rush, Ladislao Kubala, Eric Cantona y George Weah integran sin duda el "Salón de la Fama" del fútbol por los éxitos y títulos que llenan sus palmarés, pero todos se retiraron con una cuenta pendiente: disputar una Copa del Mundo.
Todos ellos deslumbraron en su época pero les faltó ese pequeño plus que da un Mundial para hacerse grandes como lo hicieron Pelé, Franz Beckenbauer, Johan Cruyff y Diego Maradona, quienes le mostraron al planeta lo mejor de sí mismos cuando quedaron en el medio de la escena.
De todos los príncipes sin reino o reyes sin corona, el caso más paradigmático es el de la "Saeta Rubia", quien fue el gran artífice de los reiterados triunfos del Real Madrid en Europa. Sin embargo, jamás pudo estar ni un minuto en el campo de juego durante un Mundial.
"Una maldita lesión en la espalda me dejó con la mayor frustración de mi carrera, que fue estar en la puerta del Mundial y no poder entrar", comentó una vez Di Stéfano, quien con 36 años viajó a Chile en 1962 para defender la casaca de España y no pudo calzarse los botines por aquella lesión.
Otro monstruo que llegó a la cúspide del fútbol europeo sin poder saborear la gloria mundialista fue el norirlandés George Best, reconocido como el mejor jugador del Viejo Continente en 1968, cuando era el líder indiscutible del Manchester United campeón de la Copa de Europa, y designado mejor jugador de Gran Bretaña de la historia.
Ian Rush fue otro de los condenados a mirar un Mundial por televisión. Cinco veces ganador de la Premier League y dos veces de la Liga de Campeones con el Liverpool, Rush sufrió la fragilidad de una selección de Gales sin peso.
Parece el cuento calcado del goleador liberiano George Weah, nombrado mejor futbolista de Europa, Africa y la FIFA en 1995, cuando brillaba en el AC Milan, además de haber sido considerado mejor jugador africano del siglo en 1998.
AFP