JOSÉ MASTANDREA
En el fútbol no hay misterios. Con trabajo, un buen plantel, un cuerpo técnico serio, responsable y capaz y si la dirigencia sabe lo que quiere y a dónde apunta, los resultados se dan. Ejemplos sobran. El más cercano es el Boca de Macri. Que cosechó (y cosecha) éxitos en forma seguida. Acá, en nuestro medio, Nacional se acerca mucho a ese Boca ganador.
La dirigencia tricolor, de la mano del Ec. Eduardo Ache, alcanzó títulos en el plano local, pelea a nivel internacional ante grandes equipos y creció institucionalmente. Se "aggiornó", tiene un estadio modelo con palcos vips y aumentó notoriamente su caudal social.
Su línea de conducción no se desvió cuando los resultados no se dieron. La dirigencia apoyó y respaldó a Martín Lasarte, un técnico que llegó en silencio y con perfil bajo, sin el apoyo masivo de la hinchada. Hoy está recogiendo los frutos. Ese entrenador lo llevó de la mano a la punta del Clausura y pudo llevarlo lejos en la Copa si no aparecía la mano negra del paraguayo Carlos Torres. El miércoles vapuleó a Rocha, el equipo que tiene asegurado un lugar en la final del Uruguayo. Si no pasa nada extraño, Nacional tiene todas las de ganar y quedarse con el cetro. Lasarte no se adelanta, porque como escribió Galeano, sabe que la hinchada "no sólo le exige la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi".