El despojo perpetrado por la terna paraguaya encabezada por Carlos Torres indigna pero no sorprende, ya que forma parte de un estado de cosas que se denuncia desde hace años sin que se haga nada por modificarlo: privilegios de brasileños, argentinos y paraguayos en todo lo relacionado con arbitrajes y la consideración de las autoridades de la CSF.
Tenemos claro que Nacional perdió la clasificación al caer acá ante Internacional. Jugó muy bien para lo que puede hacer en el orden internacional en el primer tiempo, hasta el gol del empate visitante, clave para cambiar todo el trámite. Después desnudó todas las carencias conocidas, de fundamentos técnicos, condiciones físicas, falta de dinámica, de conceptos elementales del juego asociado, de desborde. Y perdió bien.
En Porto Alegre jugó mucho mejor de lo esperado. Defendió bien, con mucho temple, frenó a Internacional y varios de sus hombres parecieron disminuidos anímicamente. Pero en ofensiva, salvo algunas cosas de Albín, muy golpeado, se vio muy poco. Castro desnudó otra vez falta de confianza. Pudo ganar el partido él. Suárez tampoco aportó lo que puede. Cuando se tuvo la pelota se vieron las carencias conocidas y señaladas. Pero así y todo se hicieron dos goles que se anularon mal y que pudieron cambiar el panorama. En el primero nunca hubo off side de Vanzini. Ni cuando hizo el tiro libre Albín, ni después del cabezazo en el área. En el segundo, cobró una falta inexistente. Suárez golpeó el balón, su pierna fue de abajo hacia arriba, las manos del arquero, que no estaba en su área de protección, de arriba hacia abajo y no tenía el balón en su poder, lo había perdido. Ninguna de las razones alegadas por el árbitro existieron. En el caso del segundo tanto de Vanzini existe el agravante de que ya sabía Torres que se había equivocado en el primer tanto.
Hace años que Castrilli, el mejor juez de entonces por lejos, denunció irregularidades en el arbitraje argentino y continental, habló de un eje Río-Buenos Aires por el que jueces de Argentina debían favorecer a equipos brasileños y viceversa. Mencionó casos concretos. Todos sabemos que en el Comité de Arbitrajes de la CSF no se hacen bien las cosas, que gravita mucho Loustau, argentino, que Alarcón, paraguayo, favorece a los suyos en las designaciones de árbitros de su nacionalidad en partidos que le quedan grandes y que siempre tienen trabajo. También se sabe por los árbitros que si benefician a equipos de Brasil, Argentina y Paraguay, su carrera será más fácil y exitosa. Los demás estamos desamparados. Aún los que tenemos un representante en el Comité de Arbitrajes que nada pesa, como nosotros con Cardelino.