Abriendo despacito la puerta

| EDWARD PIÑON

Tratar de ocultar que en 1990 contó con la mejor generación de jugadores que dio el fútbol uruguayo después de 1970 en adelante es como querer tapar el sol con el pulgar.

No reconocer que durante la Copa del Mundo erró mucho más de lo que acertó, es como jugar al solitario y hacerse trampa.

Sin embargo, pasar por alto que bajo su mandato Uruguay protagonizó una de las mejores exhibiciones colectivas que se recuerde (la Copa América de 1989) es como querer venderle espejitos a los indios.

Por otra parte, el mal que pudo haber sufrido Tabárez en aquel Mundial fue muy similar al que vivió Omar Borrás cuatro años antes, porque después de haber dado excelentes pasos en la campaña previa terminó desmoronándose en la gran cita.

Entonces, aunque por culpa de Italia 90 el técnico se ganó las críticas más efusivas que se puedan formular con la cara pegada al televisor, puede abrirse una puerta para esperar sus primeros pasos.

Si aprendió de aquellos errores Uruguay irá por buen camino. Caso contrario, se habrá dado un paso atrás en lugar de uno hacia adelante.

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