Lo más duro es lo más blando

JORGE SAVIA

Salvando las distancias, que son muy grandes y corren en contra de Peñarol, hay un cierto parentesco entre esta fea derrota aurinegra de ayer y el revolcón que se llevó Nacional en la Copa el jueves pasado: sin solidez defensiva atrás, es difícil que un cuadro uruguayo en el plano internacional, y si es un grande en lo local, pueda llegar a nada.

Ese fue en la víspera el "Talón de Aquiles" de un equipo que en las dos primeras etapas del Torneo Clausura ya ha recibido 5 goles y que en el Torneo Apertura —con otro técnico y otros jugadores— concluyó 15� (entre 18) en la tabla de goles en contra: tamaña endeblez defensiva es demasiado. Sólo así se explica que en el lapso de medio año Peñarol haya sido capaz de protagonizar la "hazaña" de "comerse" un 7-2 con Danubio, sufrir 4 goles con Rocha y terminar perdiendo con el ordenadito —pero también livianito— River del "Vasco" Aguirregaray, Bengoechea y Cedrés, por ¡4-0 al final de la primera etapa!

En el caso de esta versión aurinegra 2006 el estado de situación es más grave, porque con Guglielmone colgado arriba y con el "Betito" Acosta y Diego Rodríguez tratando de llegar al área rival con largas y solitarias carreras personales, parece que Garisto —visualizando cómo era el fardo que le habían tirado— quiso asentar el equipo a la antigua usanza: de atrás para adelante. Y lo que más duro debería estar, sigue siendo lo más blando; algo que con el 3-3-1-3 de Carrasco se podría explicar, pero con el 4-4-1-1 de Garisto, no tanto.

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