Morales deja abiertos muchos frentes para un gobierno atípico

| Mañana asume el primer presidente indígena de Bolivia e intentará revertir la inestabilidad crónica del país

COPIA. El modelo de buzo con que Morales saludó al rey de España y que lo acompañó toda su gira, se convirtió en moda en Bolivia 200x140
COPIA. El modelo de buzo con que Morales saludó al rey de España y que lo acompañó toda su gira, se convirtió en moda en Bolivia
AFP

THE ECONOMIST

Promete ser una ceremonia de asunción presidencial como ninguna otra desde que Bolivia retornó a la democracia en la década de 1980. Para empezar no se espera que mañana Evo Morales, el nuevo presidente, vista traje y corbata para la ocasión. Su reciente gira mundial, que lo llevó a ocho países, fue memorable no sólo por su retórica a veces errática, sino por su laboriosa creación de un personal estilo de moda. Este incluía un distintivo pullover de lana a rayas rojas, gris y azules que usó para saludar al rey de España y al presidente de China.

Más importante es que Morales, el primer presidente de Bolivia de origen indígena, tiene un mandato poderoso. Será el cuarto presidente en tres años de un país inestable y el primero en conseguir la mayoría absoluta desde el retorno de la democracia. Su Movimiento al Socialismo (MAS) consiguió la mayoría en Diputados. Le faltó poco para conseguirlo en el Senado, pero todo indica que la va alcanzar.

Para muchos bolivianos, el triunfo de Morales, un líder cocalero y un activista social, es algo así como una "revolución democrática". Los partidos tradicionales que gobernaron Bolivia en las dos últimas décadas fueron arrasados. Sólo 17 de los 157 nuevos congresistas sobrevivieron a la anterior legislatura.

Antes de la votación, Morales asustaba a las compañías energéticas extranjeras, los principales inversores en Bolivia, hablando de la nacionalización del gas; irritó a Estados Unidos oponiéndose a la erradicación forzada de los plantíos de coca; aterrorizó a los hombres de negocios de las ricas provincias del este prometiendo una reforma de la tierra y control estatal de la economía. Esas tensiones no es evaporaron pero la escala de la victoria de Morales y la astuta manera de aprovecharla, las ha suavizado, por ahora.

En su gira, dio dos mensajes diferentes. Con Hugo Chávez en Venezuela, denunció el "imperialismo" y el "neoliberalismo". A cambio de eso, su anfitrión prometió intercambiar petróleo venezolano por soya boliviana y una ayuda de U$S 30 millones para el gobierno de Morales.

Pero Morales también se mostró pragmático. En Brasil y España, hogar de los dos principales inversores en gas boliviano, declaró que la nacionalización no significaba expropiación y prometió seguridad para los contratos. La empresa estatal brasileña Petrobras dio que se volvería socio de YPFB, la agónica compañía estatal que Morales promete revivir. El "anti-imperialista" llamó a relaciones con Estados Unidos "basadas en el respeto" y se reunió con el embajador estadounidense. Canceló su visita a Irán, el archirrival de Estados Unidos.

Si el viaje mostró la disposición de Morales a la negociación, lo puede hacer desde una posición de fuerza, no sólo porque sus vecinos codicien el gas de Bolivia. Para un país que se ha mostrado profundamente dividido, Bolivia produjo una resultado electoral sorprendentemente unido. Ganó los votos no sólo de los indios pobres y andinos, sino también en el más próspero este y entre los mestizos, hartos de la corrupción de los partidos tradicionales. Muchos aparentemente calcularon que dándole a Morales una victoria decisiva, haría una Bolivia más gobernable. Eso le confiera al nuevo presidente y al Congreso una legitimidad que carecían sus recientes predecesores.

A pesar de que la victoria desprendió la misma energía de un terremoto, las fisuras aún están ahí. Su base son los movimientos sociales, una coalición frágil de grupos indígenas, sindicatos y organizaciones civiles. A ellos, Morales les prometió la luna. El gas será nacionalizado. El salario mínimo será triplicado a 1.500 bolivianos (US$ 187,50) mensuales. Una asamblea constituyente "refundará" Bolivia, en parte redistribuyendo tierra en el próspero este. Terminará la erradicación de coca.

Formados en contra de esa agenda utópica, está una colección de intereses bolivianos y extranjeros. Elegidos por primera vez en diciembre, hay ahora nueve prefectos (gobernadores provinciales) de los cuales sólo tres responden al MAS. Los prefectos de las provincias del este como la productora de soja, Santa Cruz, y la rica en gas, Tarija, quieren un referéndum por su autonomía, un asunto en el que Morales estuvo de acuerdo. El problema va a surgir cuando busquen protegerse de la reforma de la tierra y hacerse con el control de la salud y la educación, una medida a la que los sindicatos se resistirán.

Y después vienen las conversaciones con las compañías de gas, en la que el gobierno tendrá que conciliar sus consignas de nacionalización con la necesidad de atraer nuevas inversiones. Aún más complicadas serán sus relaciones con Estados Unidos. Su principal preocupación, compartida con Brasil y la Unión Europea, es que el nuevo gobierno dé rienda suelta a la producción de coca. El jefe dele Ejército boliviano fue despedido el 17 de enero, después de reconocer que cedió a la presión estadounidense y envió 30 añosos misiles chinos tierra-aire a Estados Unidos para su destrucción antes de las elecciones, en un acto que Morales calificó como "traición".

La ayuda extranjera, en su mayoría de Estados Unidos o de instituciones bajo su influencia, representan el 10% del Producto Bruto Interno boliviano. Las preferencias comerciales estadounidenses que están pactadas para cancelarse a fines de año, alientan los empleos de fábrica, que el país necesita para librarse de su dependencia de los recursos naturales. Está en los intereses de Morales —pero contra sus instintos— asegurar y aumentar esos empleos con un acuerdo de libre comercio.

Llega al gobierno con un mayor don diplomático y un capital politico más grande del que se podía esperar. Su próxima prueba sera elegir ministros que puedan traducir sus promesas en políticas realizables. Si falla, podría volverse contra él la frustración de la calle.

Aceptaría un TLC con EE.UU.

El futuro gobierno estará abierto a negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos si es lo mejor para Bolivia, declaró Evo Morales.

"Yo dije que es importante como gobierno buscar qué es lo más conveniente para el pueblo. Yo entiendo que ser gobierno es hacer buenos negocios para su pueblo. Habría que ver si eso es el TLC, Mercosur, CAN (Comu-nidad Andina de Naciones) o la Unión Europea (UE)", dijo Morales.

"Todos esos son espacios que permiten resolver los problemas sociales", agregó.

Morales se había manifestado durante la campaña electoral contrario a llegar a un acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos, señalando que eso podría hacer que Bolivia pierda sus mercados internos y genere más desempleo del actual, cercano al 12%.

El político izquierdista, de 46 años, también negó que Estados Unidos lo estuviera presionando para que dé la espalda a la estrecha amistad que mantiene con el mandatario venezolano, Hugo Chávez, y se acerque más a Washington. AP

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