Jorge da Silveira
Nacional se quedó con el primer clásico de la temporada en Maldonado. Hace dos años que no pierde uno.
Le ganó 1 a 0 a Peñarol en un cotejo que bien pudo terminar igualado. Los méritos eran para un empate en trámite esperado por la condición de los jugadores, que no era la adecuada para un partido así, lo que motivó imprecisiones mayores que las habituales en ambas escuadras.
En el primer tiempo, Nacional fue más e hizo el mejor fútbol de la noche a través de Silva y Albín. En especial en la media hora inicial.
En el segundo fue superior Peñarol, en especial en los primeros 20, en los cuales tuvo cuatro ocasiones de gol que pudieron darle el empate ante un Nacional que sólo defendió. Al final tuvo el tricolor dos situaciones para liquidar el partido.
Nacional tuvo mejor funcionamiento defensivo, más elaboración en los zurdos citados, pero falló en el último pase y en la culminación. Castro, imparable en sus piques, nunca culminó bien. Suárez tuvo mala noche. Definió muy mal solo ante Flores. Se vio bien a Caballero, Jaume, Victorino, Vanzini, Albín y Silva. Pero aún le falta mucho para ganar el Clausura y más aun para una Libertadores. Necesita más contención en el medio y culminación en ofensiva. También discernimiento en momentos de ubicar el último pase. Sigue Castro sin concretar lo que prometió. Suárez está muy verde. Hay que contratar jugadores más experientes y de peso arriba.
Por su parte, Peñarol no defendió bien cuando Nacional lo atacó. Nunes quiso liderar pero le faltó a sus lados gente eficaz en la marca. García falló asiduamente. Winsker empezó bien en defensa. Se pasó de rosca al final y agredió absurdamente a Márquez. De los del medio Blanco pareció con buen futuro. Fadeuille es mucho más en el medio y por derecha. Diego Rodríguez debe volver a lo que fue cuando apareció en primera. Adelante, el mejor fue Acosta pero no culminó bien y se ofuscó mal ante Jaume. Falta gente para mejorar atrás, en el medio y adelante.
Una palabra de censura para el final, con agresiones físicas y de palabra para rivales y jueces de parte de algunos jugadores y un integrante de cuerpo técnico. Ladislao Mazurkiewicz, otrora admirado y querido jugador, se ha transformado hoy en permanente agresor de cuanto periodista trabaja en vestuarios. Realmente lamentable.