Carlos Montaño
Los hinchas de Aguada están pletóricos. Sufrieron en grado superlativo los reiterados y pronunciados altibajos que exhibió el plantel "rojiverde" en el transcurso del Torneo "Clasificatorio", que tuvieron punto final por una sumatoria de factores, entre otros, el cambio de técnico y la conformación al fin —para sus intereses— de una competente dupla de extranjeros. Ello condujo a los "rojiverdes" a la clasificación más sacrificada y festejada de la últimas temporadas.
A cinco fechas del desenlace del certamen, con partidos muy difíciles por delante, Aguada estaba envuelto en una crisis deportiva que no parecía tener solución. Hasta caminó por la cornisa del descenso
Pero el club más popular del medio, tantas veces tocado por algo especial, tuvo un gran poder de reacción. La elección y asunción de Alberto Espasandín como técnico fue el santo remedio. El entrenador puso el despertador a tiempo y sacudió la modorra de sus dirigidos, a lo Aguada.
Galvanizó al plantel. Aguada tropezó en Mercedes ante Soriano (el mejor de la segunda rueda), mas, en los partidos decisivos, tres de ellos en condición de visitante, sacó a relucir un sentido de básquetbol asociado que no se le había visto. Buena aplicación de la técnica defensiva y protagonismo repartido en ofensiva. Vaya si habrá sido importante el estratega. Tras la llegada de Espasandín, el estadounidense Tim Frost, que aparentaba ser un jugador de poca monta, se erigió en un guerrero debajo los dos cestos, rebotero y muy práctico, el complemento adecuado para su coterráneo, Jason Osborne, cerca del aro, muy técnico y profundo.