SILVIA PEREZ
El juez danés Claus Bo Larsen acababa de pitar el final. La gente aplaudió a los celestes y comenzó a salir del Estadio.
Uruguay tenía que ganar y acababa de hacerlo. El equipo de Fossati tenía que irse del Centenario sin goles en contra y lo había logrado. Sin embargo, el público, que había vuelto a llenar el Estadio, que había hecho largas colas para conseguir las entradas y que las había agotado en pocas horas, emprendía el regreso con una sensación ambigua. Se había ganado, se había vuelto a ver a un "Canario" García conmovedor en la mitad de la cancha y a un "Chino" Recoba que en las difíciles siempre se acuerda de frotar la lámpara. Sin embargo, la alegría no era completa. Los celestes podían haber aumentado la diferencia en el segundo tiempo y varios gritos de gol se habían quedado atragantados en las gargantas de los hinchas.
Antes que comenzara el partido, y mientras los "socceroos" se movían en el campo de juego, un grupo de entusiastas hinchas los alentaba desde la Platea América. Los australianos se paraban al compás de sus cánticos y mostraban orgullosos dos canguros de considerables dimensiones. Uno de ellos vestido con la camiseta amarilla de los "aussies".
En el otro extremo de la misma platea, contra la Amsterdam, Marcos, un niño que había venido desde Tala con sus padres, también tenía un canguro. El pequeño estaba vestido de indio y el canguro que exhibía tenía clavada una flecha celeste. Un rato antes Marcos había estado presente en la llegada de la selección uruguaya y cada vez que un jugador se aprestaba a entrar al vestuario él levantaba su canguro para que lo vieran.
Al final llegó el momento tan esperado. Anunciaron las formaciones por los altoparlantes y Forlán, Paolo y el "Chengue" fueron los más aplaudidos. Las enormes banderas volvieron a aparecer en la Olímpica y los equipos entraron a la cancha. Como ya es costumbre el recibimiento fue una locura y esta vez el himno pareció un grito de guerra.
Luego la emoción de la canción de la patria le cedió su lugar a otros menos serios: "¡El que no salta no va al Mundial, el que no salta no va al Mundial!".
Comenzó el partido y los visitantes sorprendieron demostrando que no habían venido a defenderse. Carini sacó al corner un peligroso tiro de Viduka y la gente enmudeció. Para peor ni la creatina ni la cámara hiperbárica fueron suficientes y antes de los 20’ Diego Forlán tuvo que salir de la cancha. El delantero del Villarreal se sentó en el banco de suplentes desconsolado y se tapó la cabeza con el chaleco rojo. Los hinchas no lo podían creer y como ya están acostumbrados se dispusieron a sufrir.
Por suerte, antes de que terminara el primer tiempo, Darío Rodríguez se tiró en palomita para cabecear el centro al segundo palo del "Chino" y anotó el ansiado gol celeste.
Los equipos salieron al segundo tiempo y la gente redobló la ilusión. Sin embargo, no fue posible aumentar la diferencia. La tuvo el "Chino", Darío Silva y el "Chengue", pero la pelota no entró. Para peor, el árbitro danés, que estaba chocho con la carne uruguaya y encantado con Punta del Este, no cobró un claro penal a Recoba.
Por eso, aunque Uruguay ganó, la gente se fue del Estadio con una sensación ambigua. Al final, el que tenía razón era Marcos, el niño de Tala. El canguro había recibido sólo una flecha celeste.