JOSE MASTANDREA
A las 07:00 de la mañana había gente tirada en las amplias veredas de la Tribuna Olímpica. Hombres, mujeres y niños tapados con frazadas. Otros tomando mate y los menos, esperando la hora de largada.
A las 10:00, la cola era interminable, precisamente, cuando los boleteros levantaron los carteles y empezaron la frenética venta de las 3.000 entradas para los taludes Amsterdam y Colombes. Una locura, realmente. Locura por Uruguay. Por la celeste.
—¡Pará fiera! ¿A dónde vas?
—Dejame hermano.... hace 6 horas que estoy acá...
—¡¿Cuántas me dijiste?!
—¡Sacá las que puedasssss!
Gritos, empujones, insultos, peleas. Todo por la celeste. Por ver a Uruguay, para darle un empujoncito desde el talud a los jugadores. Para alentarlos, para ayudarlos a ganar un partido durísimo como lo será este ante los australianos. Y por qué no, para presionar al rival.
"Una manito nunca viene mal desde la tribuna, además vamos a estar bien cerca, pegaditos a la cancha", confió Carlos, de La Teja, mientras besaba los dos taludes que se llevaba como premio a la interminable espera que había empezado en la madrugada del jueves.
En menos de una hora, las entradas volaron. Esta vez, ante una atenta custodia policial que se vio desbordada por la gente. Que no daba abasto para ordenar, para tratar de que no hubiese desmanes ni peleas. Después de tanta presión, de tanta locura, llegaron los móviles para reforzar la guardia.
"Estas son para mi nieto", dijo Don Francisco, un jubilado del transporte de 76 años que se bancó como un adolescente los empujones, los apretones y hasta los gritos prepotentes de los que estaban detrás en la cola. Se fue feliz, radiante con las dos entradas para su barrio de Tres Esquinas, allá por Av. Italia y Comercio.
Y las colas seguían. Y los hombre, las mujeres y los niños no se iban. Se apretaban cada vez más hasta que sus rostros chocaban con la pared de ladrillos de la Olímpica.
A PIE. A unos metros, varias ofertas diferentes: "¡Hay Asterdan... Colombe... Olímpica!". Y si para muestra basta un botón, que lo cuente María Eugenia, una uruguaya radicada en la Argentina que paró con su VW Polo gris perla a comprar entradas para la Amsterdam: "¡Están locos!", me pidieron 1.200 pesos por cada una. Pero el consejo de Walter, viejo zorro en estas lides le solucionó el problema: "Bájese del auto y vaya caminando". ¿El resultado? Consiguió dos entradas por 600 pesos. La mitad de lo que le habían pedido.
CAMISETAS. Claro que no sólo los revendedores se hicieron la América. Los puestos ambulantes aparecieron como por arte de magia y también tuvieron buenas ventas. Camisetas de Uruguay, gorros, banderas y todo lo que fuese blanco y celeste a precios módicos que iban desde 150 pesos las camisetas para niños y hasta 300 y 450 para adultos. Igualitas a las originales con los números más solicitados: el 21 de Forlán y 4 de Paolo Montero.
A las 11.00, empezaron los gritos y los insultos. La primera ventanilla que colgó "no hay más localidades" fue el anuncio de lo que vendría minutos más tarde: las miles de personas que esperaban una entrada se quedaron con las ganas. Con el sueño roto de ver a Uruguay en la cancha.
Los hinchas se fueron cabizbajos, mascando bronca y también impotencia. Ganaron los que pasaron la noche durmiendo a la intemperie, apenas abrigados por una frazada y con el termo y el mate como única compañía.
Perdieron los que llegaron tarde o sobre la hora.
Pero ganó Uruguay. La celeste.
Tendrá tres mil voces más para alentarla, para empujarla en la cancha, para arrimarla a la victoria.
Allá se fue Don Francisco, feliz, contento. Pensando en el nieto que lo acompañará todo vestido de Uruguay al partido.
Y así se fue María Eugenia, encantada por haber conseguidos dos Amsterdam por ¡600 pesos!
Una locura.
Una pasión celeste y blanca.
Los árbitros hoy pasan el día en Punta del Este
Los tres árbitros daneses, que llegaron el pasado miércoles a nuestro país visitarán Punta del Este en la presente jornada.
La noche de su arribo, el juez Claus Bo Larsen y sus colaboradores, Bill Rene Hansen y Andrés Norrestrand, cenaron con el presidente de la AUF, Eugenio Figueredo. En la velada, que tuvo lugar en el restaurant "El Entrevero" donde los visitantes quedaron encantados con la carne uruguaya, también participaron el cuarto árbitro Nicolai Vollquartz, también danés; el belga Roland Tis, quien es el comisario enviado por la FIFA; el veedor de árbitros salvadoreño José Ortiz y el ataché Alvaro Silva, quien como representante de la AUF acompaña a los jueces.
Ayer, por la mañana, los árbitros, que se hospedan en el Hotel Sheraton, realizaron ejercicios físicos. Es más, el propio Larsen, juez principal del partido, corrió por la rambla del Parque Rodó. Por la tarde estuvieron en el Centenario y visitaron el Museo del Fútbol donde presenciaron la película del Mundial de 1930, que incluye imágenes de la construcción del Estadio. Los europeos, que visitan Sudamérica por primera vez, están locos de la vida con Montevideo y quedaron, a su vez, impresionados con el Estadio e impactados con el Museo.
Seguridad
Ayer por la mañana una delegación de Australia, integrada por tres dirigentes de la federación y el jefe de seguridad, acompañados por el dirigente uruguayo profesor Antonio Guerra, concurrió a la sede del Ministerio del Interior para conocer de boca de los encargados de la seguridad del espectáculo, cuáles serán las medidas que tenían preparadas para la delegación.
Primero recibieron el saludo protocolar del ministro Dr. José Díaz quien los derivó directamente con las autoridades responsables del operativo. Según informó el profesor Guerra se le brindaron todos los detalles, incluso lo que se hará dentro del escenario. Los visitantes mostraron su complacencia con lo que nuestras autoridades tenían previsto.