Como es tradicional desde hace ya mucho tiempo a esta parte, el día que se produce la incorporación formal de un nuevo futbolista al trabajo diario del plantel de un equipo uruguayo, los integrantes del mismo forman dos filas paralelas en medio de las cuales debe pasar —lo más rápido que pueda— el recién llegado, haciendo así un breve aunque tortuoso recorrido en el que se lleva toda clase de palmadas, cachetadas, y hasta "piñas", que llueven sobre su cabeza, hombros, brazos y espalda desde todos los ángulos.
Eso fue lo que pasó, como era de suponer, con Ricardo Möller y Alberto Acosta cuando aparecieron por Los Aromos, aunque el "Betito" enseguida se dio cuenta que por esos lares tenía una cuenta pendiente que estaba esperándolo: tras presentarlo al resto de sus nuevos compañeros, fue el propio Morena el que dio paso al rito, diciendo socarronamente que el enganche "ahora va a la pasarela y, si alguno se quiere cobrar la ‘picada’ del penal en el tercer gol de Cerrito en el campeonato pasado..."