El "Lucho" es un "8" clásico, de antes por su gran estilo futbolístico, y de ahora por la aplicación y el orden con que pone sus características personales al servicio del conjunto.
En pocas palabras: este volante podría ser considerado en cualquier época como un señor jugador de fútbol.
Jugando generalmente por el andarivel derecho de su mediocampo, el jugador de River baja a reducir espacios junto a los volantes de contención y después que éstos recuperan la pelota, la lleva y/o la distribuye —apoyado en un paso zancudo que se hace difícil de cortar o soportar para sus marcadores— con aceleración, sentido de profundidad y un intransferible sello de distinción que se puede resumir en la forma como lo describieron hace ya un par de años en el conocido programa deportivo de la televisión argentina llamado "Mar de Fondo": "tiene la punta de un cuchillo clavada en el mentón".
Es que González juega siempre con la cabeza levantada, en cualquier zona de la cancha, y con un clarísimo panorama de lo que ocurre en torno suyo.
Como consecuencia de ese volumen de juego, en 9 partidos del actual Torneo Clausura del fútbol argentino, el "Lucho" no sólo ha convertido 5 goles y está 4º en la tabla de goleadores, sino que además es el gran proveedor de asistencias para el "Tecla" Farías, que va 2º con 6 anotaciones, detrás del punta de Estudiantes de La Plata que lleva 10: Mariano Pavone.
Si hubiera que pasar en limpio el perfil futbolístico de Luis González al ámbito del fútbol uruguayo, lo mejor sería decir que se trata de un "Pardo" Abbadie —no el puntero que volvió de Italia a comienzos de los ’60, sino el que al principio de los ’50 renegaba si no lo ponían de entreala— del Siglo XXI.
Su clase, su manejo y visión han motivado que se le considere por parte de la gran mayoría del periodismo como el mejor jugador del fútbol argentino.