Un cónclave pleno de cardenales deportistas

CIUDAD DEL VATICANO

Varios de los 115 cardenales, en especial latinoamericanos, que desde desde ayer se encuentran reunidor para elegir al Papa número 265 de la historia de la Iglesia Católica, tienen un pasado deportivo, en línea con una de las características de Karol Wojtyla.

El cardenal Juan Cipriani Thorne, de 61 años, arzobispo de Lima, ostenta una respetable carrera como basquetbolista: en 1961 integró el equipo que ganó el campeonato bolivariano en Colombia y dos años más tarde debutó en la selección de Perú.

Concluida su trayectoria como jugador, todavía hoy recordada, en 1968 se transformó en entrenador, guiando al club Social Lince, para desempeñarse luego como entrenador de la selección de su país.

El cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga (63 años), arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), tiene numerosas horas de vuelo y si bien nunca obtuvo el brevet que lo acredita como aviador es conocida su pasión por el modelismo, con la construcción de pequeños aviones.

caminante. También en Honduras es ampliamente conocida su pasión por las largas caminatas, al punto de ser casi un marchador: se le señala la costumbre de recorrer a paso vivo como mínimo una hora cada día.

La velocidad, en cambio, figura entre las características del cardenal chileno Francisco Javier Errazúriz, arzobispo de Santiago de Chile (71 años): su deporte preferido de joven era el atletismo, con especialidades en los 100 y 400 metros llanos, y también en las carreras de relevos 4x100.

Otro cardenal que en su juventud abrazó el deporte es el arzobispo de Westminster (Londres), Cormac Murphy O’Connor (72 años): hijo de un médico irlandés, jugó como central en el equipo de rugby de Porstmouth.

Pero después dejó el rugby para dedicarse plenamente a su misión de sacerdote, aunque sin haber nunca olvidado su pasión juvenil, al punto que en su despacho arzobispal de la capital británica tiene en exhibición un balón oval.

La suya es una afición de familia, ya que su hermano John integró la selección de rugby de Irlanda, y se cuenta que durante su carrera en un venerable colegio inglés enseñaba los rudimentos del rugby a los seminaristas italianos.

Por último, el arzobispo de Milán, el cardenal Dionigi Tettamanzi, es un fan del fútbol, fue un buen jugador juvenil y, además, lo incluyó como pieza importante en su libro "Deportistas hombres verdaderos". ANSA

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