En otro mundo

| "Si tuviera que ir sólo a practicar a Ezeiza no tendría la menor idea de cómo llegar", admitió el lateral

SILVIA PEREZ

Era mediodía en el hermoso y tranquilo barrio de Belgrano. En la calle Arcos, a la altura de José Hernández hay dos torres gemelas de 16 pisos cada una. En el noveno piso de una de ellas vive Carlos Diogo.

La nueva estrella de River Plate tomaba mate en su nuevo hogar con la poca yerba uruguaya que le quedaba, mientras esperaba que se hiciera la hora de salir a almorzar con algunos de sus nuevos compañeros.

Si bien hacía ya casi un año que Carlos había dejado la casa paterna para irse a vivir solo, el cambio de mudarse a Argentina fue otra cosa.

Justamente, el diálogo con el futbolista comenzó a propósito de los cambios que parece haber experimentado en la vecina orilla, tanto dentro como fuera de la cancha. Aunque él afirmó que no ha cambiado tanto: "Yo creo que no es tan así, yo trato de ser siempre igual. En lo futbolístico uno siempre trata de mejorar y de ir corrigiendo los pequeños errores y a medida que pasa el tiempo, todo eso se va notando, uno va madurando. Creo que es eso lo que está pasando. Sucedió acá, pero pudo pasar en otro lado. Aunque es cierto que acá en Argentina el ritmo es diferente y el fútbol más abierto. Todos los equipos salen a jugar al fútbol y eso puede influir un poco. No es que sea más fácil jugar acá, pero con los jugadores que hay se pueden hacer las cosas mejor. Me entiendo muy bien con ‘Lucho’ González y con Mascherano, con unos cuantos. Es un grupo muy bueno, con jugadores jóvenes que son muy buena gente. La verdad es que desde que llegué me han tratado muy bien, adentro y afuera de la cancha. No tengo nada que decir de ninguno de ellos. Además, aquí el fútbol es mucho más competitivo y el entorno también motiva más".

Con uno de los que ha hecho más amistad es con José Sand. Desde su llegada, es el que lo pasa a buscar para ir a las prácticas en Ezeiza y también han compartido algún asado: "Desde que arranqué a practicar voy con él. Si tuviera que ir solo no tendría la menor idea de cómo llegar a Ezeiza, y además no tengo auto".

ASTRADA. Diogo también mantiene una buena relación con el técnico Leonardo Astrada y con sus colaboradores: "Me da una confianza enorme, toda la confianza del mundo. Desde el primer momento me sentí muy cómodo con el cuerpo técnico. Son muy abiertos, en lo futbolístico y también en lo que tiene que ver con la vida personal. Podés hablar con ellos de cualquier tipo de cosa, y no tienen problema. Esa es una de las diferencias, porque en Uruguay hay menos técnicos que son así".

Apenas llegó, Astrada le dio la titularidad y no lo sacó más del equipo, salvo cuando, como ayer, le da descanso a la oncena que juega habitualmente. El lateral reconoció que no imaginaba que su llegada iba a ser así: "Generalmente, cuando uno llega a un equipo extranjero tiene que pagar un poco de derecho de piso y tal vez no juega tan pronto, pero a mí se me dio así. No me lo imaginaba, pero mejor así, ¿no?". Con respecto a lo que el técnico le pide, contó que: "A él le gusta que suba un lateral a la vez. Te da libertad de irte al ataque, pero moderado. Como yo jugué más tiempo de volante, me gusta irme arriba, pero a veces no se puede. Es una de las cosas que tengo que corregir".

SOLEDAD. Por más que ha estado bastante acompañado, sus padres han viajado un par de fines de semana y "Paco" Casal ha estado muy pendiente de él, el joven no puede evitar extrañar algunas cosas y por eso aguarda con expectativa la visita de su hermana Natalia, que irá a pasar la Semana de Turismo con él: "Se extraña, sí. Sobre todo a la familia y los amigos y algunas costumbres que son diferentes, como terminar la práctica e irse a la casa de algún amigo a tomar mate. Cosas que uno hace en Uruguay y que acá son distintas".

Otra de las cosas a las que le ha costado acostumbrarse es al asedio constante de los hinchas y de los periodistas: "Lo que pasa es que acá son muchos más, hay mucha más gente y muchos más periodistas. El celular no para de sonar nunca. Lo que me sorprendió de la gente de River es lo calurosa y demostrativa que es. Es algo muy lindo, aunque a veces uno no está en un buen día, pero recibir todo ese cariño es bueno".

Es consciente de que todavía conoce poco de Buenos Aires, pero le gusta: "La ciudad es muy linda, pero por la cantidad de gente que hay uno siempre tiene que salir con tiempo. De repente, vas a un lugar que queda a 10 minutos pero terminás poniendo media hora para llegar. Eso me molesta un poco. Cuesta el cambio, pero uno tiene que acostumbrarse a lo que está viviendo".

SALTO. River Plate es una institución modelo, con un número impresionante de socios que practican allí los más diversos deportes. Desde hockey sobre césped a patín, pasando por voleibol, basquetbol, gimnasia olímpica, etc. etc. Además, dentro del propio estadio Monumental funcionan guardería, escuela y secundario. Para un jugador uruguayo el pasaje por el fútbol argentino antes de dar el gran salto hacia el fútbol europeo parece ideal, más en un club como el "millonario". Diogo lo sabe, pero también es consciente del lugar donde se encuentra. Y aunque su contrato es por un año y medio, afirmó que le gustaría quedarse: "River Plate es un club bárbaro. Una institución impresionante y me gustaría quedarme. Argentina es un vidriera bárbara y sé que hay otras posibilidades, como ir a Europa, y obviamente me gustaría, pero acá estoy muy bien y hoy tengo la mente puesta solo en River Plate".

Sufriendo por el gato siamés de la vecina de enfrente

En casa de sus padres, Carlos tenía una gata siamesa llamada ‘Sisi". En realidad, la mascota era de su hermana Natalia, pero el jugador disfrutaba mucho del animalito. Incluso, cuando ya no vivía en la casa paterna, cada vez que iba por allí pasaba largo rato, tirado en el piso cuan largo es, jugando con "Sisi".

Quiso el destino que una de sus nuevas vecinas en las torres gemelas "Arcos de Belgrano", tenga un gato siamés. Se trata de la señora que vive en el apartamento frente al suyo, puerta con puerta, y Carlos no puede evitar que la presencia del felino le haga extrañar aun más a "Sisi".

El jugador vio que cerca de los apartamentos hay una veterinaria y está tentado de ir a comprarse un siamés. Lo único que lo hace dudar es la vida nómade que generalmente tienen los futbolistas. Se pregunta que hacer con el animalito si llega a tener que irse a jugar a otro lado. Sabe que puede llevarlo consigo, pero no quiere que la mascota sufra viajando en avión. Seguramente, su hermana Natalia, durante su próxima visita, le dará el empujón que le falta para comprarse el gato siamés.

Entre el mate dulce y la marcha

El mate es una de las pocas cosas que separan a Carlos Diogo de sus nuevos compañeros. Ellos toman poco mate y dulce, mientras que el uruguayo anda todo el tiempo con el mate en la mano y el termo abajo del brazo, y por supuesto, lo toma amargo.

Las existencias de yerba uruguaya, generalmente "Canarias" estaban llegando a su fin, y como no le gusta la yerba argentina, Diogo comenzó el plan ahorro.

En ocasiones, con gran esfuerzo, compartió algún mate dulce con sus compañeros: "No me gusta, pero para no gastar mi yerba a veces tomo. Además, ellos toman un par de mates y ya lo dejan. El único que toma amargo, y en eso parece un uruguayo más, es Farías".

Otro aspecto en el que no coincide con el resto del plantel "millonario" es el musical. A Diogo le gusta la cumbia, y los argentinos escuchan marcha todo el día. Por eso uno de los primeros pedidos que le hizo el lateral a su madre Marita fue que le llevara sus discos compactos.

"A mí me gusta la cumbia, pero la cumbia vieja, sobre todo ‘Karibe’ y acá escuchan todo el tiempo marcha. Si fuera rock no me molestaría. Es más, hay cosas del rock que me gustan, pero odio la marcha", admitió.

Cinco por cuadra

Caminar con Carlos Diogo por el barrio de Belgrano es toda un experiencia. La gente lo saluda, le pide autógrafos y le grita desde los automóviles. "¡Qué partidazo el de la Copa"!, vociferaron desde un camión. En solo una cuadra lo pararon cinco veces para pedirle una firma.

El futuro celeste

"Vienen dos partidos muy difíciles, bravos, pero sacando buenos resultados nos podemos acercar. Vamos a dar batalla y tengo mucha confianza en la selección".

El apodo "Kakao"

"No me gusta que me digan ’Kakao’. No sé quién me lo puso, pero no hay más remedio que acostumbrarse. Por suerte mis compañeros me llaman por mi nombre".

Contra Nacional

"En lo previo se habló mucho del partido con Nacional, pero fue uno más de la Copa. Me quedé contento por ganarle, uno cuando gana siempre se queda contento, pero no hubo nada especial.

"Chori"

"Esta vez fue diferente, porque casi no jugó por mi lado. De repente un poco en el segundo tiempo. Creo que lo controlamos pero no es un tema de duelos ni de quién los gana. Son once contra once y el que gana es el cuadro".

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